Caer en la trampa. La mujer moldeada.

En el capítulo de ayer de una famosa serie española que transcurre en época franquista, un personaje masculino le dice a otro personaje masculino mientras toman una copa en un elegante bar: “las mujeres son tan absorbentes, han de entender que los hombres necesitamos nuestro espacio” y ríen. Quizá encuentran gracioso quejarse del modelo de mujer que ellos mismos han creado.

Históricamente, el hombre ha sido lo que ha querido ser: ha sido fuerte, ha sido valiente, un héroe. Ha sido un padre poco interesado por la camada y eso estaba bien porque él decidió seguir la vida lejos del cuidado de la prole. Ha sido inteligente, ha sido estudioso, ha sido el cabeza de familia. Si ha querido ha sido soltero y si ha querido, ha sido marido, pero sin muchas exigencias. Ha sido explorador, escritor, científico, intelectual, putero o borracho. Ha sido lo que ha querido y ha estado bien pues el hombre, por el mero hecho de tener testículos, ha tenido acceso a uno de los mayores bienes de la vida: la libertad de ser quien quieres ser.

En la otra cara de la monera está la mujer: la mujer sólo ha sido hija, esposa, madre, abuela. Nada que se escape de la esfera familiar. Pero además, a la mujer se le ha dotado de un rol, un rol impuesto desde afuera. Tan impuesto ha sido que se han escrito decenas de volúmenes sobre cómo ha de ser una buena mujer. Si fuera nuestra naturaleza ¿sería necesario inundarnos a manuales de conducta si nuestra conducta fuera la que nos han querido imponer? Entre estos mandamientos, lo que ya sabemos: la mujer ha de ser: buena, atenta, una tienda abierta 24 horas para CUALQUIER necesidad, callada, agradable, sonriente, elegante, nunca demostrar su sexualidad, dispuesta, dulce, complaciente, sumisa (muy importante) abnegada, familiar. Y no sigo más.

Anuncio de mediados del siglo XX
Anuncio de mediados del siglo XX

Nacimos desnudas, con un cerebro igual de capacitado que el de un hombre, pero no bastó. Se nos quiso modelar a la imagen y semejanza de la esclava perfecta. Una esclava que fuera como a ellos les convenía: un ser al que catalogaron de inferior y al que, al carecer de conocimientos, le dieron un vademécum al que no podía desobedecer ni en media coma. Y así nos criaron: nos han hecho a su gusto y exigencias. Lo que no calibraron las consecuencias. Porque si nos dicen que hemos de vivir para nuestro marido e hijos, que nos hemos de preocupar por ellos, si esa es la mayor premisa en la vida, parece como si cumplirla, fuera a su vez, pecado: el creador de la mujer perfecta se olvidó de que la esclava es humana y que viviendo su Gran Hermano particular, las cosas se magnifican:

  • ¡Mi mujer me controla! > ¿Pero no le pediste que tú fueras el icono sobre el que pivotase su vida?
  • ¡Mi mujer es una metomentodo! > ¿Pero no le dijiste tú que controlara el hogar?
  • ¡Mi mujer no me deja mi espacio! > ¿Pero no le pediste que estuviera pendiente de ti siempre?
  • ¡Mi mujer no me entiende! > ¿Pero no le pediste tú que no tuviera inteligencia?
  • ¡Mi mujer no quiere salir conmigo a solas! > ¿Pero no le pediste que fuera madre abnegada y que su descendencia fuera lo primero?

Pero podemos ampliar la lista a otros ámbitos:

  • ¡Las mujeres son unas envidiosas! > ¿Pero no le dijiste que su valía era ser la más hermosa?
  • ¡Las mujeres son unas frígidas! > ¿Pero no le enseñaste que una mujer no puede vivir por completo su sexualidad?
  • ¡Esa tía es una guarra! > ¿Pero no le pediste más esmero en el sexo?
  • ¡Las mujeres son unas derrochadoras! > ¿pero no le dijiste que sólo siendo bellas serían amadas?
  • ¡Las mujeres son unas cotillas! > ¿Pero no les despojasteis de todo entretenimiento? ¿A qué han de dedicarse entonces cuándo se encuentran con otras mujeres? ¿A cantar tus alabanzas?
  • ¡Las mujeres son unas egoístas! > ¿pero no les pediste que vivieran sólo para ti? Pues ella exige lo mismo para ella.

Obviamente esto no se puede aplicar de un modo general ni es así en todos los casos uno por uno, pero me parece gracioso esa predisposición a criticar las formas de ser de la mujer, que quizá de no ser por años y años de machismo, no existirían… porque…

  • ¿Si nos hubiéramos formado siempre en libertad…. No seríamos más inteligentes?
  • ¿Si no nos hubieran dicho que siendo hermosas nos amarían… no gastaríamos menos en ropa, maquillaje, productos faciales?
  • ¿Si nos hubieran dejado vivir nuestra naturaleza… no seríamos más fuertes?
  • ¿Si hubiéramos podido decidir nuestro rol en la vida… no hubiera sido todo distinto?

 

50 sombras de resignación femenina

Por lo que me han contado o he visto en la televisión, 50 sombras fue una inspiración de la trilogía Crepúsculo. Empezamos bien. Hay que comprender que para una fan de True Blood tan acérrima como es mío, Crepúsculo sea algo menos que un chiste. Las sombras pronto se denominaron “porno para mamás”, epíteto menos erótico, imposible. Se conoce que las mamás no ven porno o no al menos, las mamás americanas. O que al convertirte en mamá no tienes permiso para mirarlo. Lo que sea. Total, que unas novelitas es la excusa para que mujeres de medio mundo occidental descubran el sexo. O las fantasías sexuales. Mujeres que en su vida han pasado del misionero se desmelenan porque una mujer, mamá, lo escribe y de repente, está bien. Un ama de casa se desinhibe y como no es pervertido, es correcto. Hay dos cosas horribles en este hecho: primero porque se ha demostrado la cantidad de señoras que no han tenido una vida sexual plena y segundo porque ahora que la descubren, resulta que es sexo sumiso.

La mujer inexperta se pone en manos de un señor forrado (que además está buenísimo) y queda expuesta a su merced y voluntad. No hace más falta ver el tráiler. Una vez más la mujer es sometida, es aleccionada por un hombre, que la toma bajo su capa, que ni la de Luis Candelas. Lo interesante es que a muchas mujeres les ha encantado la historia. Sentirse dominada es una de las fantasías más recurrentes. ¿Qué cómo lo sé? No sólo porque lo he leído hasta la saciedad en las denominadas “revistas femeninas” sino porque al tener un blog, tengo acceso a cierta información privilegiada. Muchas personas llegan hasta mi bitácora escribiendo: me gusta que me violen. Creo que llegado este punto, y si me lee alguien que haya dicho esto, es conveniente aclarar que la violación es la relación sexual NO consentida. La violación ES una agresión sexual contraria a la voluntad de la persona agredida. Con lo cual, que te guste que te violen es algo sin sentido. Quizá lo que te guste sea que te dominen en la cama y de eso hablaremos después. Pero siguiendo con la sumisión en la cama, con todas las vertientes de esta idea de que las mujeres estamos más que dispuestas a ser sometidas por un varón de buena verga porque es lo que más deseamos en este planeta, decir también que hay quien llega a mi blog escribiendo: que ha violado a alguien (no sé qué pretende, si ya lo ha hecho, no sé qué consigue con esa búsqueda), que quiere violar a alguien (quizá busque consejo) o quienes quieren saber si a las mujeres nos gusta que nos violen (o lo más parecido a buscar si nos gustan que nos sometan aunque roguemos que no lo hagan.) Quienes han violado me dan mucho asco y ojalá reciban su castigo: los que quieren violar, ojalá os deis cuenta del error que pretendéis cometer, los que quieren saber si a las mujeres nos gusta ser violadas, la respuesta es no. Espero haber sido de ayuda.

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Aunque no me quito de la cabeza un concepto que en Historia siempre hemos escuchado de boca de algunos seductores y en las críticas hacia la sociedad de aquellas mujeres que pudieron escribir y que consiguieron que sus textos nos llegasen: la idea de que la mujer de buena cuna, la mujer respetable y de alcurnia va a decir que no a un caballero en primer lugar, para hacerse valer, porque es lo que una dama debe hacer. Siempre se ha visto bien que una dama reniegue de sus impulsos sexuales, que se deje llevar por el amor carnal. Una dama ha de rechazar y sus noes, son síes. Y de estos barros estos lodos: la idea de que la mujer reprime su instinto sexual por pudor se convierte con el tiempo en esa manida frase de “las mujeres cuando dicen que no es que sí”. Y ya tienes ahí a la caterva de depravados que bajo unas normas impuestas por ellos mismos, conforman el ideario femenino de nuestra sexualidad.

La cosa está en que no hay nada malo en que a una mujer le guste sentirse dominada en una relación sexual, siempre y cuando sea un rol pedido y aceptado por las personas implicadas y que dicha situación no traspase los límites que se establezcan. Hay tantas fantasías sexuales como personas en el mundo y mientras sean realizadas con libertad, consentimiento y deseo, no hay nada de qué avergonzarse. ¿Y qué problema hay en 50 sombras de Grey? Pues la pena de seguir perpetuando la idea de que la mujer cándida descubre el placer al entregarse a un hombre. Una mujer que no ha sabido descubrirse a sí misma y que no expone su voluntad en la relación, sino que se deja llevar. La mujer del siglo XXI ha de superar esta ignorancia de la sexualidad y aprender a no ser el jueguecito de nadie. La pena es que este repentino despertar femenino a las fantasías sexuales, se ha debido a una novela que da permiso a la mujer para fantasear: y da permiso bajo mi opinión por cómo es la autora. Si la misma trilogía la hubiera escrito, por imaginar, una actriz porno, no hubiera tenido ni la mitad de éxito. La pena es que en el siglo XXI las mujeres hayan empezado a hablar de sexo como si empezasen la casa por el tejado: pensando en la sumisión en lugar de ser ellas el foco de la revolución.

Así que si sumamos: que hay más de una generación de mujeres que no ha despertado al sexo (incluso teniendo hijos), que cuando lo hacen se descubren al sexo sumiso con un hombre en el rol dominante y que muchos hombres creen que pueden abusar de una mujer porque les va a encantar, te das cuenta de que seguimos con un problema enorme para conseguir na sexualidad plena, adulta y satisfactoria para la dignidad de todas las implicadas e implicados.

 

Masters of Sex

Reconozco que soy un poco enamoradiza. Veo algo que me gusta y de repente mi mente imaginativa se vuelca en ello como si no existiera nada más en el mundo. Pues con Masters of Sex me ha pasado algo así. Me he enamorado, por completo.

Para quien no la haya visto, es una serie que narra la vida de William Masters y Virginia Johnson, dos médicos pioneros en descubrir cómo funciona el cuerpo durante el sexo, el orgasmo, amén de cómo curar la impotencia y en resumen, de traer el sexo a la ciencia y de naturalizarlo para la sociedad. Para ello necesitaron años de estudio, años de paciencia y sobre todo, mantener una mente abierta y luchar contra el estigma que el sexo llevaba a cuestas. El tema es brutal.

Por sus capítulos van dejándose ver muchas teorías y creencias que la gente tenía sobre el sexo que para una espectadora del siglo XXI resultan muy difíciles de creer. Es entonces donde te das cuenta que la dedicación de este tipo de personas valió mucho la pena.

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Las mujeres sabemos que el clítoris, el único órgano en el cuerpo humano cuya función es exclusivamente para dar placer, es la llave que abre la puerta al orgasmo. O lo que es lo mismo, que no necesitamos al hombre para tener un orgasmo porque en la vagina no tenemos esas terminaciones nerviosas. En la serie española La que se avecina (conservadora donde las haya) una vez dijo uno de los personajes: la mujer sin el pene no puede tener orgasmos. Lo dice para hacer reír porque es una persona conversadora pero me juego lo que queráis a que en España hay más de uno y más de dos que aún lo creen. En Masters of Sex esa es una de las demostraciones más importantes: la vagina no lleva al orgasmo, es el clítoris exclusivamente, por lo cual, no es necesario el hombre.

Qué gran idea. El hombre deja de ser necesario y las mujeres empiezan a creer que un orgasmo puede ser posible sólo con sus dedos. Con las creencias antiguas era imposible pues a menos que utilizases una hortaliza, ya me dirás cómo tenías un orgasmo por la vagina. Pero esta información es peligrosa pues la mujer tiene una libertad hasta entonces negada. Bravo y mil veces bravo.

A colación de esto, me sorprendió una de las teorías que dicen en la serie sobre el sexo y Freud. Yo estudié Freud, pero en la vertiente social (“El malestar de la cultura” es un libro muy interesante) pero nunca en la sexual. Explican que él, sin utilizar ningún método científico, llegó la conclusión que había dos orgasmos en la mujer: uno el inmaduro, producido en el clítoris y que se da en mujeres jóvenes, y el orgasmo adulto, que se da cuando te casas. O sea que según Freud, cuando eres joven tienes orgasmos por el clítoris, porque eres inmadura, pero que llegas a una edad en la que las terminaciones nerviosas se van del clítoris a la vagina en un viaje por el cuerpo que nunca demostró, y pasa a tener orgasmos vaginales, que sólo se consiguen con un pene. Esto sucede con la edad de casarse (la edad antigua de casarse, se comprende).

Resultan tan ingenuas estas ideas. Porque ya me diréis qué conoce el cuerpo de que a cierta edad te casas y te juntas con un pene. El cuerpo es sabio pero no tanto como para adivinar cómo iba a ser usado culturalmente.

Si os animáis a ver la serie no os defraudará. La relación de los dos protagonistas me ha puesto el corazón en un puño muchas veces, yo, tan amante de los amores imposibles, de esas historias al margen de lo convencional, me he puesto las botas con estos dos. Quizá también tenga que ver que llevo toda la vida enamorada de Michael Sheen, el protagonista. Eso ayuda. Pero a vosotras y vosotros también os encandilarán los dos, tanto él como la chica. Vale la pena verla por varias razones pero la principal es ver cómo una gran idea, a pesar de que el mundo esté en su contra, puede encontrar, con coraje y valor, los canales para que el mundo se beneficie de ella. Y hacer un pequeño hincapié en el personaje femenino: Virginia Johnson, una mujer muy adelantada a su época, con una mente abierta, con ganas de trabajar, de superarse, de cambiar el mundo. Todo un referente. De verdad, no os la perdáis.

 

No me gustan las bodas. Dos

Mi primer post sobre mi recelo hacia las bodas causó mucho impacto tanto para bien como para mal pero ahora con el segundo, ya lo siento, es que voy a cuchillo. Si os gustan las bodas, no sigáis leyendo.

Fui a una boda el sábado. Patético.

Era una boda civil oficiada por una alcaldesa. Y qué bonito empieza todo que el discurso no deja de recordar a los contrayentes que el matrimonio es una cosa entre iguales y que hombre y mujer son iguales. Si esta sociedad fuera avanzada y no supiéramos todas que el matrimonio ha basado su fuerza en la sumisión femenina, no haría falta decirlo. Sobra. Sobra decir que el matrimonio es entre iguales. Pero hay que decirlo, por si alguien se le olvida. Mirad si no hemos evolucionado.

Flipo un poco con las leyes españolas sobre el matrimonio. Son como antiguas. No me gusta la idea de que las mujeres perseguimos ese día porque como oí el sábado: este es tú día (el de la novia).

No me gusta eso de seguir tirando arroz. No me gusta la idea de que si te quieres de verdad firmas un contrato. No entiendo por qué te gastas mil euros en un vestido que te pones un día y el resto de tu vida vas de mercadillo.

En esta boda había un sector de descerebrados que no paraban de gritar “maricón el que no bote”. Novia incluida. ¿Qué más puedo decir? Hay que ser imbécil para gritar eso.

No me gustan las bodas porque son innecesarias y porque deberíamos avanzar como sociedad y aniquilar el gran contrato que ha ido siglo a siglo minando la independencia de las mujeres para ser meras esposas. Hay que quitar de la sociedad todo lo que huele a patriarcado. Hay que quitar esas ideas de que si te quieres te casas. Las madres y los padres han de empezar a quitar de la vida de sus hijas e hijos la idea de que en su vida han de tener esa meta, ese día feliz.

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No me gusta ver a personas ordinarias que se visten de paletos y chillan como si no hubiera mañana porque es un día de desfase. Bueno, esto ya va depende la familia. No me gusta ver cómo se quitan la liga para darla o no sé qué hacen con ella.

No me gusta el patriarcado, no me gustan los tópicos, no me gusta eso de que la novia salga de casa de sus padres, que el padre la deje en el altar, que siguen significando lo que la mujer es: una mercancía.

Estoy muy destroyer. Pero no soporto el circo de las bodas. Me supera.

 

El orden de los factores no altera el producto

O eso nos decían en la escuela.

Claro que la vida no es matemática pura y en el mundo real no todo encaja tan bien. Sino que se lo digas a los que y a las que se dedican a criticar la vida ajena, que todo les parece mal.

En nuestra sociedad hay una ecuación que no falla para ser considerada una persona como Dios manda, tanto seas hombre como mujer (un poco más si eres mujer):

noviazgo > boda > te vas a vivir juntos > pasan unos dos años > hijo > otro hijo (más conocido como vamos por la parejita

Si sigues esta norma, eres una persona normal, respetable y que gozarás de respaldo social:

  • ¡Qué feo es ese hombre! ¡Y qué mal viste!
  • Pues está casado.
  • ¿Y esa mujer? Mira que me da mala espina.
  • Pues está casada y con hijos.
  • ¿Que ese mató a la cajera?
  • Y casado y con un pedazo de casa y todo.
  • ¿A estas horas está esta mujer en la calle?
  • Es que el marido está en paro y ha de mantener a la niña.

No importa. No importa tu aspecto, lo mala persona que seas, no importa nada. Si estás casada o casado y con descendencia, todas tus rarezas desaparecerán porque eres una buena persona para la sociedad. Tú has cumplido y eso sólo lo hacen los buenos.

Para muchos la vida ajena se comenta como si fuera un programa de cotilleo y te juzgan por ello.
Para muchos la vida ajena se comenta como si fuera un programa de cotilleo y te juzgan por ello.

Pero como algo sí que han cambiado los tiempos, se aceptan un par de variantes en esta ecuación de la persona respetable:

  • Se admite que te vayas a vivir con tu pareja antes de casarte. Pero te has de casar, sino no cuenta.
  • Se admite que nazca un bebé si después también acaba en boda la pareja.

Sea como fuere, lo que has de hacer es fichar.

Pero hay ¡ay de ti si te sales de lo dictado!

Estos son los cuatro casos más comunes de parejas que serán presa fácil de las lenguas más viperinas y que por lo tanto, no serán tan buenas personas:

  1. Novios que viven en casas diferentes y que pasan temporadas en casa del uno o del otroEL MURMULLO: estos no vas a llegar a nada, no se quieren, están por estar, echan un polvo y muy buenas, no se comprometen.
  2. Novios con casa sin hijos.EL MURMULLO: ni boda ni hijos, estos están por estar. Estos no se quieren tanto como dicen, pasan el rato y punto, ¿cómo vas a estar así en pareja? Se dejarán y se engancharán a a otra persona y así.
  3. Novios con casa, no casados y con hijo/a.EL MURMULLO: Si no te casas es peor para la criatura, te has de casar porque así ya la familia está formada y es más bonito, ya tienes tu libro de familia y es todo mejor.
  4. Matrimonio con casa sin hijos:EL MURMULLO: no pueden tenerlos. Dicen que no quieren pero es porque no pueden, porque una (siempre es ella) cuando se casa es para tener hijos y formar una familia.

Así que nada. Da igual que hayas asesinado a la cajera, si te “ennoviaste”, te casaste y tuviste descendencia, ya les parecerás mejor persona.

Lo que hay que tener claro es que este cuadro sólo sirve para personas no famosas. Está claro que si eres famosa, en el momento en que nazca al menos una beba o un bebé ya estarán todos esperando que te divorcies y claro, para ti el proceso es más largo.

Las mujeres no han de comer

A primera vista no se parece en nada a ninguna de las campañas o video clips de los que me he quejado desde que abrí este blog. No hay mujeres desnudas, no hay sexo, no hay a simple vista (y digo a simple vista) una posición de florero de la mujer. A simple vista.

Es un anuncio de Casa Tarradellas. Un anuncio en el que una familia cena una pizza. Hasta aquí sin ningún problema. Pero este simple anuncio esconde más de lo quiere decir. Comencemos:

La madre pone la pizza sobre la mesa (la madre es quien sirve la comida, no cocina, pero es quien da la felicidad de la comida a su familia, marido incluído) y coge un trozo. Algo sucede que se levanta de la mesa, momento que aprovechan los tres niños y el machista marido para lanzarse literalmente sobre la pizza, comiendo incluso dos trozos a dos manos. Se han puesto las botas mientras la madre sólo ha comido un trozo. Cuando ésta regresa en el plato yace el último trozo. Todos, en lugar de saber que se han portado mal y que han dejado a su madre sin cena, le ponen cara de pena para que les de a ellos el trozo.

Y aquí viene lo peor del anuncio:

  • La madre tiene mala conciencia por comerse el último trozo. Pero no importa. Que la mujer no coma es normal, es algo que aprendemos desde pequeñas: es deseable que la mujer no tenga apetito. Son los hombres y los niños los que han de comer. El anuncio nos enseña como no importa que la mujer no cene, es mejor porque así cuida la línea (que feo queda que una mujer coma) y además es una buena madre dejando la cena para unos hijos y un marido desagradecidos que le han quitado su parte de la comida.
  • Lo que ella hace es  cortar la pizza en cuatro. Repartir. Porque que la madre no hubiera comido nada o que se lo hubiera comido todo hubiera sido demasiado, reparte pequeñas porciones entre los hijos porque eso es lo que hace una buena madre, morir de hombre aunque sus hijos estén atiborrados y no hayan demostrado ningún respeto hacia su madre. También queda bien que el marido pase de todo y se comporte como un niño más.
  • El marido en un ataque de egoísmo y de poco amor a su mujer (qué de cosas enseña este anuncio) también se quiere quedar con una parte de las que la mujer ha cortado. O sea, que le da igual que su mujer se quede sin comer. Él ha de comer más sabiendo que le ha quitado la comida a la mujer. Pero ella le dice que no, que ese cuarto trozo es para ella y él pone cara de “al menos lo intenté” porque no se corta, él quiere también ese trozo.

Conclusiones:

No sólo estamos continuamente bajo el yugo de que la mujer no ha de comer, la mujer ha de reservar su apetito y comer lo menos posible, la mujer ha de poner la comida en la mesa y si no come no se enfada, sino que comparte, aunque tenga hambre, aunque sus hijos estén más que alimentados. Eso es una mujer buena: una mujer con marido e hijos que se sacrifica por los demás, porque así no come (y cuida la línea) y cuida de su familia y marido, un ser que roza lo despreciable en este spot. Por supuesto, nadie regaña a los hijos por haberse comportado con tan poca consideración hacia su madre. No importa, ella stá al servicio de ellos y eso es lo que cuenta.

Este anuncio lo tiene todo: mujer que pone la comida a la familia, mujer que no come, mujer que no regaña a sus hijos por haberse comportado tan mal, mujer que tiene marido que pasa de su cara y quiere dejarle sin comer, mujer con remordimientos por la comida cuando no debería tenerlos. Machismo conservador en estado puro.

Que la mujer no coma, que no le dejen nada, que le traten como la chacha, no importa. Porque lo que ha querido decirnos Tarradellas es que la pizza está tan buena que no importa que la mujer no coma, ¿ verdad?

Por qué me importa que tu novio-marido te trate como una mierda

Pues me importa. Y mucho.

Aún quedan especímenes que creen que son el rey dentro de su castillo y que su esposa les debe algo menos que obediencia. La tienen a sus órdenes, se quejan de lo que hacen mal (cuando ellos no mueven un dedo), creen que las tareas del hogar son cosa de ella y se pasean por su matrimonio (o noviazgo) como si fueran el gallo del corral. Ellas les consienten este compotamiento, bien porque crean que se lo merecen (baja autoestima), porque siempre ha sido así (es como si pensasen que son tan tontas que no pueden pensar por sí mismas), porque es su forma de quererle ( esto es la antesala a los malos tratos) o porque creen que el amor es esto: un podio donde ellas siempre están en el segundo escalón.

¿ Qué sucede con estos hombres? Que no contentos con ejercer este poder sobre sus mujeres, quieren ejercerlo sobre las demás. Cuando salen por las puertas de su casa se comportan como  todas las mujeres como se comportan con la suya. Así que sí: me importa mucho cómo tú lidies con estos energúmenos porque cuando se alejan de ti, somos las demás las que los soportamos. Mientras estos hombres sigan teniendo un sólo lugar donde se puedan comportar como un dictador, querrán seguir siéndolo con el resto del mundo y si yo voy a sufrir las necedades de estos individuos, que sepas, que probablemente no te guste lo que veas.

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Son hombres que, como tienen a sus esposas escondidas bajo esa especie de tutela de menores de edad, se creen que las demás vamos a hacerles caso simplemente porque ellos son el hombre. Te hablan con prepotencia, nunca tienen tu palabra por válida, buscan la de tu novio o la de otro hombre. Creen que tú vas a tolerar el lenguaje, las bromas que usan con su pareja y que no vas a ver nada malo en su comportamiento.

Pues os equivocáis. No todas las mujeres somo como la vuestra. Algunas despertamos hace mucho tiempo y nos dimos cuenta que no somos ni más ni menos que vosotros. No os consentimos ni una mala palabra, ni una borma ni una tontería. No nos callaremos ante la necesidad que sentís de propagar vuestro poder más allá de vuestras casas.

Por eso me importa que tú no consientas ese trato: porque si luego lo va a hacer conmigo, no te extrañe que mi mente busque cómo se comporta contigo. Porque tarde o temprano me daré cuenta de todo. Y eso llevará un conflicto, sobre todo si somos pesonas cercanas. Porque mientras tú consideres que todo el normal y yo no, quizá veas que algo falla y ese fallo sólo está en dos direcciones: o es mío o es tuyo.

¡¡ Qué aburrido es ser princesa!!

Me han pasado un pequeño cuento de una princesa rosa que quiere dejar de serlo. Una princesa que se queja de que las princesas no hacen nada, que sólo están ahí, apartadas, siendo unas cursis. Unas débiles que no duermen por culpa de un guisante y que besan ranas en búsqueda del príncipe.

Es un cuento para niñas pero no podemos olvidarnos jamás del daño que ha hecho eso de ser princesas en las mujeres. ¡ Qué bien se está siendo una educada y recatada princesa! Eres poco divertida, todo sucede bajo un corsé tan apretado que no hay espacio para las cosas que de verdad interesan de la vida. Quienes nos han metido en la cabeza que ser una princesa está bien, nos quieren como ellas: o encerradas en una torre, barriendo la casa de los enanos, o haciendo cualquier cosa por amor, como pasar de pez a persona. Una mujer princesa es previsible, va en busca de una vida sencilla basada en el amor, en esa meta tonta de encontrar el príncipe azul. A una mujer princesa la tienes bien atada con las promesas de caros vestidos, un amor de película y una familia en la que desplegar todos tus encantos, sin pasar de la puerta. 435081

Yo nunca he creído en los príncipes azules. Son todo mentira. ¿ Además quién quiere un príncipe azul? Los príncipes azules no existen, además no me va nada eso de tener príncipes ni ser princesa: no se les ve tan felices y después de todo nunca hemos sabido qué pasa tras la boda. Ni Jane Austen nos lo contó, ni la Blancanieves hizo segunda parte para explicarnos si el príncipe desteñía. Además, hacen cosas aburridas los príncipes: son estirados, no parecen muy interesantes, sí, son muy guapos, pero ¿ quién quiere un príncipe guapo pudiendo tener a un hombre de carne y hueso? En fin, que no, que ser princesa implica esperar a que venga este hombre a rescatarnos para ser más felices aún: ¿ y no es eso un poco rollo? ¿ Y si el príncipe es tímido y no se atreve a conquistar a la princesa? ¿ Y si somos nosotras las que tenemos que dar el primer paso? ¿ Algún problema?

Eso tampoco me ha convencido nunca. Las princesas son guapas y preciosas, yo no soy guapa ni preciosa, ¿ tengo que esperar a que alguien venga en busca de una belleza que quizá no existe? ¿ No puedo ir yo a por él? Pues no: las princesas esperan y esperan. Sí mona, tú siéntate a esperar, que no te falten ganas!! Y es que menuda casualidad, que siempre se enamoran del primero que las viene a buscar. Está muy bien esto de conformarse con el primero que aparece.

Además, las princesas están siempre guapas. Parece que son estupendas, oiga usted. Ni se depilan, ni tienen la regla, ni les salen granos, ni raíces, ni canas, no envejecen, son siempre de blanca piel y no necesitan ni pintalabios porque sus labios son rojos, así de natural. La belleza es su mayor arma y no todas somos Afroditas por naturaleza. A nosotras nos salen granos, las hormonas nos cuecen a cambios de humor, nos tenemos que depilar, ponernos cremas para las arruguitas. Pero esa súper idea de que ser guapa te abrirá todas las puertas, tampoco nos beneficia.

La princesa de este cuento quiere viajar, vivir aventuras, ser astrónoma. Las princesas sólo se prueban vestidos y se peinan, son delicadas, son como flores y cómo no, tienen una maravillosa familia que les ha marcado bien las pautas de cómo han de ser. Y en el cuento la princesa busca a su alrededor el apoyo y comprensión de su madre, padre, hada madrina y demás seres sociales a quienes hay que pedir permiso para ser una misma. La verdad es que no le cuesta mucho convencerles. Todas somos conscientes de lo que nos ha costado a veces romper con las ideas que tienen los demás de cómo debemos ser las mujeres. A mí más de una pelea, para total, al final, hacer lo que me ha dado la gana. Pero es un detalle interesante: la niña pide a su círculo cercano que la deje ser cómo es y como quiere ser. Y ese es el fallo número uno de muchas: pedir permiso para vivir como queremos.

Así que al final la princesa lo consigue, poder comenzar a vivir lejos de la tiranía del rosa y de las princesas. Y es que ser princesa es un asco. Yo nunca lo he querido ser. Ya lo dijo Mae West: las niñas buenas van al cielo y las malas a todas partes. Es un gran lema. ¿ Lo mejor que podemos hacer? Pues no convertir a las niñas que nos rodean en princesas, sino en futuras mujeres, dueñas de sus oportunidades y libres. Sin príncipes azules ni guisantes.

Merci Eddie.

Complejos de mujer y tonterías varias

En Twitter ya lo he ido comentando pero no me parece suficiente. Me trago los programas de vestidos de novias en el canal Divinity (España). Me los trago, sí. Y me parto de risa. Más allá de mi opinión hacia la aburrida figura del matrimonio, estos programas no tiene desperdicio. ¿ Que por qué? Porque son un gran espejo de las tonterías que muchas mujeres tienen en su cabeza respecto a lo que es la felicidad y lo que es su vida y lo peor, sobre cuál es su lugar en la vida. Es muy interesante ver a estos especímenes:

  1. La primera razón son los complejos. En un 80% las novias están acomplejadas por algo de su cuerpo, sea ya cierto o no. Desde mujeres que han adelgazado mil kilos a señoras con poca autoestima por razones varias, las novias están acomplejadas. Mi pregunta es ¿ qué ganas con estar acomplejada? ¿ De verdad ganas algo? ¿ Por qué están acomplejadas? Muchas de ellas ven en las revistas trajes de novia en cuerpos imposibles y al verse con ese vestido claro, la realidad se impone y los kilos también. Y ya tienes el bajón hecho. Vamos, es un festival de complejos.
  2. La relación con sus acompañantes. La segunda cosa que me deja más flipada de estas mujeres es que muchas de ellas tienen una extraña y enfermiza relación con su entorno. Desde madres-brujas que las anulan completamente a amigas insoportables muertas de envidia (porque ya sabemos que casarte es lo más) que dirían lo que fuera con tal de hundirlas en la mierda, es increíble la gentuza que se puede convertir en aves carroñeras con tal de pisar la felicidad ajena.
  3. Serviciales. Las mujeres que pasan por este programa tienen la fea costumbre de no ser decididas y querer siempre complacer a los demás. Se van a gastar 2000 dólares en un vestido, si no más, pero no les pesa su propia opinión sino la de los demás. Pueden ser capaces de callarse la rabia que les da la opinión ajena con tal de contentar al resto del mundo. ¿ Son así en su vida diaria? ¿ De verdad puedes ser una alfombra para contentara los demás? ¿ Dónde se han dejado el carácter?
  4. Tradicionales. Se desprende una idea, bueno no es que se desprenda, es que está impregnada, de que la preparación de la boda es algo que ha de seguir unos rigores tradicionales que si no se cumplen se conoce que te vas a hundir en la misera del divorcio. Todo el programa, desde la voz en off, los dependientes, las chicas, todo, todo es un cúmulo de tradición horrorosa donde la superchería se mezcla con unas apariencias sociales que tiran de espalda.
Imagen del programa
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De verdad, no os lo perdáis, vedlo alguna vez y fliparéis tanto como yo. Sin duda, la mujer puede tirarse por el fango de la tradición más arcaica, de las relaciones sociales más sumisas, del qué dirán, de gastarse miles de dólares en una cosa que se creen que si lo hacen será el colmo de su dicha, etc, etc, y no se dan cuenta de que a tontas, no las gana nadie. Es una pena que haya mujeres en países desarrollados que aún vivan la vida siguiendo el camino de la sumisión y la superchería.

 

Cásate y sé idiota

No soy nada favorable a la institución del matrimonio. Cada vez más me parece ilógico que dos personas tengan que firmar un papel que selle su amor, que se prometan amor eterno, que se gasten una pasta en vestidos y el evento. He ido a varias bodas ( por favor, desde aquí pido que nadie me invite nunca más a una, ya no soporto tanta tradición patriarcal) y esa es la prueba final que una necesita para darse cuenta de lo tonto que es todo esto: siendo incluso bodas civiles, el juez o jueza siempre dice “y recordad que el matrimonio es igualdad, no significa que uno esté por encima del otro”. Excusatio non petita. Es absurdo. Es una forma que tiene esta sociedad cuadriculada de poner grado al amor. Si te casas te quieres más y tienes más compromiso con la otra persona. ¡¡ Anda ya!! Son como, decía El Principito, adultos que necesitan saber cuánto valen las cosas para ponerle un valor.

Y apareció ese libro, maravilloso libro, Cásate y sé sumisa. Pero no os rasguéis las vestiduras porque la explicación es bien lógica: “Y, entre nosotras, podemos decirlo: debajo siempre se coloca el que es más
sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo” Ya estoy más tranquila. Porque la mujer es quien está debajo, como unos sólidos bloques de hormigón armado que puede soportar tifones y tempestas. Es la base de la familia, la base que va a aguantar lo que sea que suceda. Y se supone que esto ha de ser algo bueno para las mujeres casadas. Claro que sí.

He estado leyendo cosas del libro en Internet, tanto en páginas católica como en laicas, y de verdad, la pena se extiende en el resumen de un libro así. Qué pena que el gobierno no pueda (o no quiera) hacer nada contra esto. De qué sirve que se luche contra la violencia de género si se puede publicar en España un libro que hable de sumisión. ¿ Sumisión? Yo no soy sumisa a nadie y menos en la pareja. ¿ De dónde se saca que la mujer deba ser sumisa a su marido? ¿ En qué cabeza enferma cabe que un ser humano ha de deber obedencia a otro ser humano? Muy penoso.untitled

Mucha gente me dice que me case incluso ha puesto en duda que yo quiera a mi pareja porque no quiero pasar por el altar. Como comprenderéis a mí me entra por una oreja y me sale por la otra. Pero lo triste ya no es este libro, lo triste es que en mi experiencia, excepto un par de parejas casadas que conozco, el resto son todas cortadas por el mismo patrón del matrimonio tradicional. Gente de mi edad, un poco mayor que yo, no importa. La gente te vende la moto de que sigas la tradición porque el amor es ese compromiso, no entienden otras formas de vidas, libres y plenas, sin pasar por firmas. Ellos te dicen que no, que los matrimonios de hoy no son como los de antes, pero se engañan. Veo a mujeres presionadas por maridos antiguos que les exigen tener bien las tareas del hogar, mujeres que viven a su sombra, bajo su presión. Veo a maridos ninguneados por esposas que se creen que lo contrario al machismo es ser una hitler con un marido al que no sé si aman o es que buscaban tener un esclavo a su servicio.

Me da igual. La gente que conozco se casa y se convierte en Mercedes y Antonio de Cuéntame. Y es así. Ellos no lo ven porque se engañan, se creen que eso es lo normal y lo que hay que hacer, pero no. Hay vida más allá del matrimonio. No lo dudéis.

Y para los más curiosos, sí, hay versión masculina y no gracias, no quiero que des la vida por mí.