Cosas que una feminista ha de saber

Antes de convertirte en feminista debes saber que todo el glamour que nos rodea no es un camino de rosas. Ese aura de idealismo romántico que nos envuelve es en realidad una corona de espinas que duele más de lo que se deja entrever.

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He aquí lo que has de tener en cuenta antes de ingresar en nuestro mundo:

  • Prepárate para el insulto. Insulto puro y duro, sin medias tintas, sin indirectas. Te van a insultar y es lo primero que has de saber. Es algo que quizá ya hayas pensado pero lo peor de esto y tenlo muy en cuenta es que el insulto puede llegar de cualquier persona que tienes a tu alrededor. Gente que creías amable o que te apreciaba puede sorprenderte y mucho. Eso incluye: madre y padre, tío y tía, hermana y hermano, amiga y amigo; incluso tu pareja. No bajes la guardia ante estos ataques y estate preparada para ellos.
  • A veces no compensa. Es una lucha muy dura que requiere una mentalidad fuerte y constante. A pesar de tus esfuerzos y de que estés al pie del cañón cada día, a cada momento, habrá veces en las que pienses que no compensa. Es normal: nos enfrentamos contra la gran tradición machista patriarcal de este mundo que lleva aquí más años de los que tus abuelas pueden recordar. Es el imperio de la mente hecha enemigo.
  • Es cansado. Consigas o no tus metas, consigas o no hacerte oír, no importa. Esto es muy cansado. Con el tiempo te darás cuenta de que las ostias te llegan por todos lados, estés preparada o no. Desde un tweet a un artículo, de una conversación a una canción. Esto es agotador. Tú lengua ha de estar siempre dispuesta a defender a tu mente y puede llegar a ser completamente estresante. Coge fuerzas siempre que puedas, porque siempre las vas a necesitar.
  • Serás criticada por lo que sea. Esto va desde el largo de tu falda hasta por qué te has pintado los labios. Ni hablemos de los escotes. La gente suele tener una idea muy clara y firme de lo que es una feminista y esa es la de una mujer fea y malfollada que no tiene derecho a estar guapa de ninguna manera. Intentarán derrumbar cualquier filosofía feminista atacando a tu físico porque creen que no tenemos derecho a vernos bien. Lo peor de esto es que darán por ganada la partida porque al llevar tú tacones, en el fondo, te has rendido al patriarcado.
  • Muchas de tus creencias desaparecerán. Y aunque a priori parezca guay, quizá te lleve a un terreno difícil de manejar. Tanto si has creído toda la vida en la iglesia católica, como si te ha encantado la moda o esa cantante que te hace vibrar. No importa qué creencia sea y ésta puede ir desde la religión (sea la que sea) hasta cosas más cotidianas. Prepárate para verle defectos machistas a tu serie favorita, a la letra de una canción o cosas más profundas como la forma en que mires a la Historia o la Filosofía, por no decir el Arte.
  • Vas a transformarte en otra persona. Seguramente mantendrás muchas de tus costumbres y gustos, pero algo en ti va a regurgitar. Quizá seas una persona nueva, quizá hasta cambies de hábitos. Ya no vas a ver la vida con el mismo filtro y ahora que te pondrás las gafas violetas, mutarás. Es algo bueno, por si te lo estás preguntando. Porque entrarás en otra dimensión, la dimensión feminista. Llena tus pulmones una vez más y ponte el cinturón para ir bien protegida en la nueva autopista hacia tu futuro yo.
  • Serás mucho más feliz y mucho más infeliz. Si hay algo que todas hemos sufrido en este proceso es una sensación de libertad. Dejas atrás las imposiciones que antes veías como algo normal. Eres libre. Volarás hasta cotas jamás pensadas y la felicidad de empezar a pensar por ti misma, por encima de las tradiciones o suposiciones sociales te colmará. Pero esto es un arma de doble filo y la infelicidad llegará cuando te des cuenta de que las mujeres que no siguen la senda lo tienen aún más difícil. Pero no te preocupes: la felicidad gana a la infelicidad.
  • Podrás seguir amando la ropa, el maquillaje, los tacones, los bolsos y cualquier cosa que los machistas y las machistas consideran impropio de una feminista: porque te darás cuenta de que es una soberana estupidez. Puedes maquillarte, volverte loca con la ropa, ¡qué importa! Porque sabrás que eso no es lo que te identifica, es un juego, un envoltorio, algo que no te define. Y ahí está la clave: puedes llevar lo que te dé la gana y gustarte lo que sea, porque no está escrito que ser feminista sea sinónimo de ir hecha unos zorros.

Espero no haber desmotivado a nadie y seguro que no lo he hecho. Porque todas sabemos que el feminismo es algo más importante que toda esta lista que he hecho: es el único camino que nos lleva a la igualdad, el respeto y a la liberalización total de la mujer. Y no sólo nuestra vida, sino la de todas las demás, de aquellas que nos quedan lejos en el mundo. A pesar de todo lo que he escrito, ser feminista es la única forma de vida que conozco. Y jamás dejará de serlo.

Feminista en construcción

Desde que nacemos estamos marcadas. Cultura, familia, escuela, educación, televisión, tradición. Llegamos llorando a un mundo que no comprendemos y lo que es peor, un mundo donde la mayor parte de la gente que nos ha precedido no ha comprendido tampoco.

Nos lanzan a una infancia colmada de directrices: de pronto nos pueden poner vestidos, rosas o nos disfrazan de princesas en Carnaval. Nuestras ropas nos separan de esos otros que dicen que no tienen vagina sino pene y que nos son tan bizarros. Los juguetes con los que soñamos también son diferentes a los de ellos y si traspasas esa barrera te encuentras con una pegatina peyorativa: marimacho. Y si eres marimacho las niñas te miran mal y los niños te miran raro. Porque la vida es rosa o azul.

En la adolescencia pueden pasarte sólo dos cosas: que encajes con el perfil de persona popular que se estile en ese momento y que tengas una existencia placentera o que no encajes en absoluto (defínete como quieras) y que seas el blanco de burlas y demás. Si tienes la suerte de ser una persona “normal” en esta etapa no pensarás mucho más. ¿Para qué? Si todo va bien. En cambio, si tienes la suerte (porque es una suerte también) de caer en el otro bando, empezarás a pensar muchas cosas.

Lo más importante es construir un discurso basado en algo guay. Puede ser lo que más te guste a ti, indistintamente de los demás. Lo que buscas es una afirmación que te ayude a sostenerte distinta a los demás. Y es una suerte, ¿sabes? Porque has empezado a pensar fuera del redil. Te rebelas. Vas más allá y vives diferente. Se pasa mal, lo sé. Yo leía a Wilde por los pasillos con 15 años, con el pelo como un chico y las uñas negras mientras las demás forraban su carpeta con las caras de los Back Street Boys.

Lo que te depara el futuro, seas de unas o de otras, ya es una mayor incógnita pero todavía te queda mucho por aprender. Ni todas las conformistas adolescentes acaban siendo clones de Cospedal ni todas las rebeldes unas Pasionarias. A veces los papeles se intercambian pero lo que todas tenemos en común es nuestra salida al mundo laboral. Particularmente fue cuando se construyó mi feminista actual aunque yo no lo supiera. Desarrollarse como feminista puede sucederte a cualquier edad pero lo que seguro que harás primero es en focalizar tus preguntas en un tema en particular. Pon aquí lo que quieras: siempre hay algo en la memoria de todas que detonó la dinamita.

Prepárate para un viaje personal y apasionante
Prepárate para un viaje personal y apasionante

Y he ahí nuestro segundo nacimiento: no vemos el color azul ni rosa de la infancia, empezamos a ver un tono violáceo que está a medio camino de todo, que nos sugiere ambigüedad. Porque ser feminista no viene de la noche a la mañana, necesita un proceso largo y exhausto, en la mayoría de los casos. De la primera pregunta tiramos de la madeja y surge una segunda. De ahí a otra y de repente nos damos cuenta de que la madeja está en nuestras manos. Los hilos que mueven la sociedad nos oprimen y queremos cortarlos. Lo que hoy desconoces lo sabrás mañana y lo que hoy no imaginabas machistas mañana lo criticarás.

La conversión al feminismo es más compleja de lo que desde fuera o desde un principio se puede imaginar. Esto no es como la comunión, que vas un año a la catequesis, te cuentan una historia, te tomas la ostia y recibes a Dios. En el feminismo todo va descompensado: primero te das la ostia, reinterpretas la historia y te quedan años de aprendizaje. Por eso no es malo pensar: he reflexionado sobre esto pero hay otros temas de los que aún no tengo opinión. No lo es porque esto, amigas y amigos, es un proceso que tarda su tiempo, pues aunque se haya escrito al respecto, no está reglada su enseñanza ni en las escuelas ni las familias, sino que es un aprendizaje personal, único, de descubrimiento, que lleva su tiempo pero del que no te apartas jamás.

 

Feminismo radical para rebeldes sin causa. Viva la lucha!!!

Cuando alguien me dice que tengo pensamientos radicales entorno al feminismo, o que soy una feminista radical o usan la palabra radical, sea como sea, para definir mi filosofía feminista y mis comportamientos al respecto, aunque ellos o ellas no lo vean, no puedo dejar de reír en mi interior y repetirme la archiconocida frase: el feminismo es la idea radical de que las mujeres también son personas.

No me lo tomo a mal cuando me llaman radical. La verdad es que me importa una mierda. No tienen huevos de llamar radical a aquellos que lucharon contra la esclavitud de los negros. Ser racista es malo. Ser feminista es ser radical. “No hay que ser tan como eres tú” me dicen algunos y algunas. ¿Acaso te he pedido tu opinión? Si tú no tienes ningún problema con que las mujeres sigamos siendo tratadas como objetos sexuales deja que yo sí lo tenga. Vete a decirles a los de los colectivos homosexuales que son unos radicales por intentar que la sociedad trate a gays y lesbianas con el mismo respeto que a los heteros. Pero a mí no me vengáis con vuestras estúpidas y remilgadas frasecitas de radicalismo, porque lo que sucede es que vivís en la inopia, en una posición acomodada en la que os va de lujo que las mujeres sigamos siendo esas madres amantísimas que no nos quejamos por haceros la comida, esas imágenes sexuales que colman vuestro apetito y sobre todo, estáis muy cómodas y cómodos en la gran excusa de que las mujeres somos así. Que somos todas unas guarras y que así nos luce el pelo.

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Nunca se ha conseguido nada sin lucha.

Dejaos el adjetivo “radical” en vuestra casa. A mí no me interesa. Yo no soy ninguna radical. Sois todas y todos vosotras y vosotros que con vuestra postura de “la sociedad es así y no la vamos a cambiar” o el ya ultra manido “no es para tanto”, los radicales de la situación. El radicalismo de vuestra filosofía de sofá que nunca ha salido al mundo. El radicalismo de mirar para otro lado, el radicalismo de no pensar en los verdaderos problemas sociales y una falta de humanidad para entender el sufrimiento de la mitad de la población. Eso es radical: seguir anclado a los estereotipos, a las costumbres, a la pasividad del ciudadano sin conciencia.

Es que me tienen muy hasta el choto. Como otro tipo de conductas: me encanta la gente que critica mi feminismo porque claro, exageramos tanto, pero son súper defensores de los animales. De los animales que no se comen, obviamente, porque a los demás se los comen. Esas personas que defienden más el derecho de un perro o un gato que el de una mujer. Tampoco lo entiendo. Luego soy yo la incongruente. Pero ellos se comen cerdos, mientras defienden la dignidad del gato pero critican al feminismo porque no hay razón para ser tan radical.

Dejadme en paz con vuestras empanadas mentales. Yo sólo sé una cosa: que no luchar por los derechos de las personas y dar la espalda a los problemas sociales es mucho más criticable que mi feminismo. Pero allá con vuestra conciencia.

Y a quienes estáis en la lucha, no desfallezcáis. Sigamos. Hoy, en este día contra la violencia de género, más que nunca, debemos seguir adelante, sin importar estas voces que lo único que buscan es haceros tan mediocres como ellos.

 

¡¡ Feliz 1014!!

¿ Qué me he equivocado con la fecha?

¿ Seguro?

¿ Pero es que la libertad de la mujer respecto a la procreación no ha quedado sometida a las creencias católicas más rancias?

¿ Es que no tenemos unos trabajos inestables con unos sueldos míseros que nos han abocado a una mayor pobreza?

¿ Nos estamos alumbrando con velas porque no podemos pagar la luz?

¿ Y no estamos comenzando a ir a pie y pensando en comprarnos una bici porque no tenemos dinero para pagar el mal llamado “transporte público”?

¿ Y eso de que los ricos cada vez son más ricos y que las grandes fortunas de España se han engrosado a pesar de que la ciudadanía está más empobrecida?

¿ No es la religión, aprobada ya por ley, o será, una asignatura cuya nota contará para los estudios que se suponen “laicos”?

¿ No estamos cada dos por tres al borde de un conflicto internacional, hasta las cejas de casos de corrupción, de ancianos estafados, de niños con desnutrición, con homosexuales perseguidos por bandas que les agreden?

¿ No? ¿ No es esto España? ¿ No nos estamos comiendo los marrones ajenos de una crisis que se conoce que creó el pueblo y que los brotes verdes sólo son para el Banco Santander?

¿ No estamos recuperando hábitos de vida que antes habíamos enterrado, como ir al mercado, comprar con una cesta de mimbre, cocinar platos clásicos?

¿ Entonces…. ?

Por eso y por lo que nos espera:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ FELIZ 1014!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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¿ Pero qué **** os pasa?

Ha caído en mis manos una revista con dos artículos muy diferentes. Y me he cabreado un montón. Pero un montón.

Primer artículo: una endemoniada Miley Cyrus, mala malísima, una descarriada, una cualquiera, que ha dejado la senda de las chicas buenas, de aquellas que viven para complacer a las demás. Es una chica incómoda, que molesta, que aunque se desnuda parece ser que es un desnudo que no gusta. Se preguntan qué va a ser de ella, que qué hará en el futuro, que va por mal camino.

Segundo artículo: Rihanna, tan mona ella, una pobre a la que su novio le dejó la cara como un cromo pero que fue tan buena mujer que lo perdonó, una mujer como Dios manda, que se desnuda para que la gente se excite. Maravillosa. Lleva menos ropa encima que Espinete pero está bien, no es una mala mujer porque perdonó a un novio que le pegó y según el mundo, en el fondo es de ser buena mujer. No pasa nada si perdona a un maltratador, si hace vídeos follándose a una silla. No importa porque lo hace para complacer a los demás y eso es bueno.

Total, que tenemos a dos mujeres que hacen lo mismo pero con distintas intenciones. Dos mujeres que aunque se desnuden, parece ser que no es igual, que aunque se comporten de forma rebelde, parece que no es igual y como siempre estamos, es la actitud hacia el ojo que mira lo que decide si una mujer es buena o mala hacia la sociedad.

Me cabreó mucho esto. ¿ Qué hay de malo en que la Cyrus sea como es pero Rihanna no? ¿ Dónde yace la gran diferencia entre dos mujeres que aún haciendo lo mismo no son tratadas por igual por la prensa? Pues me parece que estamos en lo de siempre: en que si lo haces porque tú quieres es malo y si lo haces para ponerlas duras es bueno.

Sea como sea, esta sociedad es un ascazo.

Feminismo radical para rebeldes sin causa. Pero muy radical.

No puedo dejar de aletar a la población de que por el mundo existen ciertas mujeres que han caído en la trampa.

Han caído en la trampa de tener hijos porque es lo que hay que hacer. Quizá los deseaban más o menos, o no en ese momento, no en esa edad, no con esa pareja. Pero los han tenido y en sus ojos se lee la duda. Incluso la desesperación se nota en sus palabras.

Se nota en sus palabras hacia tí. Te miran con esos recién nacidos, en sus cunas, quizá sólo tengan horas. Te miran y te dicen, a ti, mujer: ¿ y tú no vas a ir ya por uno? ¿ No quieres uno?

Su tono va entre la obligación y el arrepentimiento. Te dicen que has de tenerlos, porque es el momento. Porque es lo que hay que hacer.

Pero no te están diciendo esto. Te están diciendo: yo me he metido aquí porque lo hemos de hacer todas. Lo he hecho porque es el momento. Porque es lo que se espera de mí. Porque no hay mujer que no lo desee. Porque mi vida será completa con esta responsabilidad.

Y a la par te miran contentas, porque ellas han cumplido. Se han quitado ese peso. Han hecho lo que la sociedad les pedía. Son madres porque en ello se basa su validez como persona.

Mi más sincera enhorabuena por ello.

Yo las reconozco por su discurso, casi inquisidor. Son algunas, por supuesto. No son todas las madres. Son algunas de ellas, algunas que en su fuero interno aún tienen avivada la llama del deber más allá de sus verdaderas necesidades.

Las podéis diferenciar sin duda alguna cuando a sus preguntas suman la justificación: Pues no tardes mucho/ Pues toda mujer quiere hijo/  Pues tu pareja querrá. Etc. Todo lo soporífero.

Cuando me encuentro con una de ellas les sonrío. No les digo nada. Me dan pena. Me da pena su vacío interno hacia las exigencias de familia y sociedad. Me dan pena porque han creído que su felicidad se basa en eso. Porque no han visto otras opciones, porque no lo han pensado friamente, porque sé que quieren que me una a su club. Al club de las que han caído en la trampa del sistema patriarcal que relega a la mujer a horno microondas.

Si alguna vez os cruzáis con una de ellas, no seáis crueles. Ya tienen bastante con lo que tienen y es tarde para rectificar.

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Rebelde sin causa: La desnaturalización de la mujer

Esta fotografía me ha despertado un debate interno:

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Mi primera reacción ha sido pensar que no tiene tetas. Y en mi instinto, o lo que pueda quedar de él, una mujer con tetas es lo preferible.

¿ O no lo puedo decir?

Cuando las mujeres ven esta imagen piensan en que tiene un tipo tremendo, que qué delgada, que si ya quisieran ese cuerpo. Pues yo se lo regalo a todas las acomplejadas del mundo que se autocastigan pensando que este tipo de cuerpos son los modelos a seguir. Porque yo no lo quiero. No tiene tetas.

Seguro que hay quién me diría: ¡ Cómo puedes decir eso! Ya estás catalogando a las mujeres por si tienen o no tetas.

¿ Y por qué no? El mundo nos etiqueta como debemos ser: como esta mujer, delgada y alta, sin curvas, sin grasa y sin tetas. En una completa desnaturalización de la mujer está bien visto alabar a los cuerpos sin carne mientras es un tanto despectivo para muchas decir que no tiene tetas.

A las mujeres se nos ha programado para destacar en las mujeres cualidades que no nos son propias, como este tipo de top models, completamente alejadas de la realidad, en busca de crear un ejército de acomplejadas que luchan constantemente contra su cuerpo en busca de algo que no van a ser jamás. Es una buena forma de tener a la masa callada y controlada.

Un 90% de las mujeres nunca seremos como ella. Pero es que ni falta nos hace. Ellas son la excepción de nuestra naturaleza y tomarlas como ejemplo es no tomar en serio a nuestra naturaleza. Y es que siempre he pensado que cualquier mujer del mundo, matándose de hambre, puede conseguir estar en los huesos, pero sin embargo jamás podrá hacer por ella misma (sin ayuda del cirujano) que sus tetas sean más grandes, su culo más sugerente, sus caderas más anchas. Nuestro mundo reduce a algo que cualquiera puede conseguir soltando el tenedor un modelo de belleza general en lugar de destacar las verdaderas cualidades femeninas.

Muchas se sienten atacadas si se dice que una mujer tiene grandes pechos porque ellas no los tienen. Pero sí que podrán tener un cuerpo tísico si dejan de comer. Una democratización tiránica de nuestro cuerpo hacia un enigma con huesos. Y es que si digo que no tiene tetas muchas dirán que podría ver a esa mujer como un objeto, de una forma similar a la que nos ven los hombres, sin que se den cuenta que ellas miran la delgadez de la modelo como quieren que la miren los de las grandes firmas: con un objetivo consumista.

Así que yo paso, como he hecho toda mi vida, de estas imágenes de mujeres muy guapas, muy altas y muy delgadas, porque no tienen tetas, ni culo, ni grasa. Hagámonos el favor de darnos cuenta de la mentira que nos hacen creer. Que esta tipa no es nada del otro mundo, no es más que una mujer sin tetas.