Las respuestas feministas a las críticas machistas

Son muchos los hombres y las mujeres que nos dicen que las feministas hablamos mucho pero que ante según qué temas nos callamos o nos subimos al tren del hembrismo. Así que hoy quiero tomar la iniciativa y responder con sinceridad a esas críticas machistas, sin tapujos y con total transparencia. Porque si hay un reproche, una pregunta o una acusación, respondamos:

  1. Mucho feminismo pero bien que os gusta ir a la discoteca y no pagar. De eso no os quejáis. Yo he entrado en discotecas sin pagar, mientras los chicos sí que lo hacían. Tenía 16 o 17 años y a veces sucedía: nosotras entrábamos gratis, ellos se quedaban en la entrada, sacando las carteras. Al principio pensaba que ellos lo que hacían era pagar las consumiciones por adelantado. ¡Qué sé yo! Tampoco me lo pregunté nunca, ya me iba bien. Yo no tenía un duro y no pagaba por divertirme. Creí que incluso era un trato de favor hacia las mujeres. Nadie, ni yo, ponía en duda semejante práctica. Con el tiempo lo comprendí: el pollo tampoco paga por ser el plato del día. Y tú no eres más que eso: el plato del día de la discoteca. Una vez comprendido, jamás he vuelto a aceptar esta premisa. Pero necesitamos que las chicas lo sepan. ¿Nos ayudas? ¿Cómo? Niégate como hombre a participar en este tipo de fiestas. También puedes colaborar.
  2. El feminismo se acaba cuando hay que abrir un tarro. Cuando he de abrir un tarro cojo un cuchillo de punta redonda, hago palanca en la tapa y creando aire, ya lo puedo abrir. Si aun así no hay manera, pido ayuda, a quien tenga alrededor: hombre o mujer. ¿Qué tiene que ver el feminismo con necesitar ayuda? Pedir ayuda no te hace un ser humano débil.
  3. Mucho feminismo pero lo que queréis es una buena polla. Una buena polla o un buen coño. O los dos. Eso va gusto de cada una. Feminismo no es igual de odiar a los hombres y querer disfrutar de buen sexo es quizá, una de las reivindicaciones más feministas. Pero claro, si queremos polla es igual que querer someternos a un hombre ¿no?
  4. Las leyes de custodia en los divorcios benefician sólo a las mujeres. Es cierto. Y estoy totalmente en contra. Porque en las custodias de las y los menores, el principal beneficiario debería ser la hija o el hijo. Ni por ser la madre lo vas a cuidar mejor ni ser el padre significa que no sabrás qué hacer con un bebé. Cada caso ha de ser valorado individualmente y hacer lo mejor para las y los menores. A veces será estar con su padre, otras con su madre. Hay que romper ya con las leyes que dicen que por ser mujeres ya nos tenemos que quedar con la custodia directamente y el hombre se dedique a pagar.imagesRWWMTZ1H
  5. La mayoría de denuncias por violencia de género son falsas. Sólo un 0,05% de las denuncias son falsas. No lo digo yo, son datos oficiales. Pero las hay, es cierto. Yo no conozco personalmente a ninguna mujer que haya denunciado violencia de género. La única que conozco, fue una denuncia falsa. Así que sí, las hay, conozco un caso de primera mano, pero representan sólo un 0,05% del total.
  6. Os estáis cargando los valores tradicionales de la familia y la feminidad. No creo que nos estemos cargando nada. Las directrices femeninas han sido siempre trazadas por los hombres (echad un ojo a las grandes obras de la civilización) sin preguntar a las mujeres. Así que sólo estamos pidiendo lo que es nuestro. Además, hay que aceptar que los tiempos cambian y si queréis volver al pasado, volvamos con todo: quitemos el estatuto de los trabajadores, la sanidad gratuita… seguro que tampoco importa eso si lo primero es preservar la tradición.
  7. Sois todas muy feas y tenéis envidia de las guapas. Error. El feminismo defiende y sabe que la belleza se presenta de mil formas, en cada tipo de mujer, sin hacer caso de un valor estándar. Fuera de vuestra imagen de mujer perfecta 90-60-90, nosotras vemos un millón de tipos de belleza, en cualquier mujer, sea como sea. Así que no, no sentimos envidia de nadie porque todas, cada una en su individualidad, somos preciosas.
  8. Si sois feministas no os podéis maquillar ni vestir de forma sexy. No entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra. Salvo que creáis que por arreglarnos vamos pidiendo que nos violen. Si creéis que una mujer para que se respete no puede maquillarse, vamos a tener que volver a releer el Libro de Petete del feminismo.
  9. Lo que sois es feminazis. Es cierto: porque pedir la igualdad de derechos para las mujeres nos equipara a aquellos que mataron en cámaras de gas a miles de personas. Además, Hitler nos da su aprobación, ¡¿qué más queremos?!wpid-img-20150301-wa0000.jpg
  10. Os queréis meter en cosas de hombres. Fútbol, coches, política… lo que sea. No sabía yo que los deportes se juegan con los genitales o que el coche se conduce con el escroto. Aunque sería divertido.
  11. Ya no sabemos cómo comportarnos con vosotras. No se os puede tratar con caballerosidad. Y atención a este punto porque si un día una mujer os dice que eso es anti feminista, le podéis remitir a este artículo que yo les respondo. ¿Si dejáis pasar a un colega antes que vosotros en un ascensor, no es educación? Pues lo mismo con la mujer. No es caballerosidad, es educación. Y con nosotras podéis tener la que queráis de la misma forma que nosotras la tendremos con vosotros. Ya sea llenarnos la copa, ofrecernos la última croqueta o abrirnos la puerta, lo aceptaremos de buen grado. Si a un colega le dejas tu mejor sitio del sofá al invitarle a casa ¿qué hay de malo en hacerlo a una mujer? La educación o la generosidad nunca ha estado reñida con el feminismo.
  12. ¿Y por qué no el día del hombre? El día que cobréis menos, el día que os maten por ser hombres, el día que os llamen “monstruo” por no querer hijos, el día que os obliguen a parir por ley, el día que os sintáis oprimidos en vuestros derechos básicos por el sistema, el día que hagáis estadísticamente más horas de trabajo del hogar que una mujer, el día que la religión os diga que todo lo que hagáis fuera del hogar es pecado, el día que vuestros derechos como seres humanos sean pisoteados en todos los rincones del planeta, haremos el día del hombre. Y seremos las feministas las primeras que grabaremos ese día en el calendario mundial. Prometido.

Caer en la trampa. La mujer moldeada.

En el capítulo de ayer de una famosa serie española que transcurre en época franquista, un personaje masculino le dice a otro personaje masculino mientras toman una copa en un elegante bar: “las mujeres son tan absorbentes, han de entender que los hombres necesitamos nuestro espacio” y ríen. Quizá encuentran gracioso quejarse del modelo de mujer que ellos mismos han creado.

Históricamente, el hombre ha sido lo que ha querido ser: ha sido fuerte, ha sido valiente, un héroe. Ha sido un padre poco interesado por la camada y eso estaba bien porque él decidió seguir la vida lejos del cuidado de la prole. Ha sido inteligente, ha sido estudioso, ha sido el cabeza de familia. Si ha querido ha sido soltero y si ha querido, ha sido marido, pero sin muchas exigencias. Ha sido explorador, escritor, científico, intelectual, putero o borracho. Ha sido lo que ha querido y ha estado bien pues el hombre, por el mero hecho de tener testículos, ha tenido acceso a uno de los mayores bienes de la vida: la libertad de ser quien quieres ser.

En la otra cara de la monera está la mujer: la mujer sólo ha sido hija, esposa, madre, abuela. Nada que se escape de la esfera familiar. Pero además, a la mujer se le ha dotado de un rol, un rol impuesto desde afuera. Tan impuesto ha sido que se han escrito decenas de volúmenes sobre cómo ha de ser una buena mujer. Si fuera nuestra naturaleza ¿sería necesario inundarnos a manuales de conducta si nuestra conducta fuera la que nos han querido imponer? Entre estos mandamientos, lo que ya sabemos: la mujer ha de ser: buena, atenta, una tienda abierta 24 horas para CUALQUIER necesidad, callada, agradable, sonriente, elegante, nunca demostrar su sexualidad, dispuesta, dulce, complaciente, sumisa (muy importante) abnegada, familiar. Y no sigo más.

Anuncio de mediados del siglo XX
Anuncio de mediados del siglo XX

Nacimos desnudas, con un cerebro igual de capacitado que el de un hombre, pero no bastó. Se nos quiso modelar a la imagen y semejanza de la esclava perfecta. Una esclava que fuera como a ellos les convenía: un ser al que catalogaron de inferior y al que, al carecer de conocimientos, le dieron un vademécum al que no podía desobedecer ni en media coma. Y así nos criaron: nos han hecho a su gusto y exigencias. Lo que no calibraron las consecuencias. Porque si nos dicen que hemos de vivir para nuestro marido e hijos, que nos hemos de preocupar por ellos, si esa es la mayor premisa en la vida, parece como si cumplirla, fuera a su vez, pecado: el creador de la mujer perfecta se olvidó de que la esclava es humana y que viviendo su Gran Hermano particular, las cosas se magnifican:

  • ¡Mi mujer me controla! > ¿Pero no le pediste que tú fueras el icono sobre el que pivotase su vida?
  • ¡Mi mujer es una metomentodo! > ¿Pero no le dijiste tú que controlara el hogar?
  • ¡Mi mujer no me deja mi espacio! > ¿Pero no le pediste que estuviera pendiente de ti siempre?
  • ¡Mi mujer no me entiende! > ¿Pero no le pediste tú que no tuviera inteligencia?
  • ¡Mi mujer no quiere salir conmigo a solas! > ¿Pero no le pediste que fuera madre abnegada y que su descendencia fuera lo primero?

Pero podemos ampliar la lista a otros ámbitos:

  • ¡Las mujeres son unas envidiosas! > ¿Pero no le dijiste que su valía era ser la más hermosa?
  • ¡Las mujeres son unas frígidas! > ¿Pero no le enseñaste que una mujer no puede vivir por completo su sexualidad?
  • ¡Esa tía es una guarra! > ¿Pero no le pediste más esmero en el sexo?
  • ¡Las mujeres son unas derrochadoras! > ¿pero no le dijiste que sólo siendo bellas serían amadas?
  • ¡Las mujeres son unas cotillas! > ¿Pero no les despojasteis de todo entretenimiento? ¿A qué han de dedicarse entonces cuándo se encuentran con otras mujeres? ¿A cantar tus alabanzas?
  • ¡Las mujeres son unas egoístas! > ¿pero no les pediste que vivieran sólo para ti? Pues ella exige lo mismo para ella.

Obviamente esto no se puede aplicar de un modo general ni es así en todos los casos uno por uno, pero me parece gracioso esa predisposición a criticar las formas de ser de la mujer, que quizá de no ser por años y años de machismo, no existirían… porque…

  • ¿Si nos hubiéramos formado siempre en libertad…. No seríamos más inteligentes?
  • ¿Si no nos hubieran dicho que siendo hermosas nos amarían… no gastaríamos menos en ropa, maquillaje, productos faciales?
  • ¿Si nos hubieran dejado vivir nuestra naturaleza… no seríamos más fuertes?
  • ¿Si hubiéramos podido decidir nuestro rol en la vida… no hubiera sido todo distinto?

 

Cosas que una feminista ha de saber

Antes de convertirte en feminista debes saber que todo el glamour que nos rodea no es un camino de rosas. Ese aura de idealismo romántico que nos envuelve es en realidad una corona de espinas que duele más de lo que se deja entrever.

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He aquí lo que has de tener en cuenta antes de ingresar en nuestro mundo:

  • Prepárate para el insulto. Insulto puro y duro, sin medias tintas, sin indirectas. Te van a insultar y es lo primero que has de saber. Es algo que quizá ya hayas pensado pero lo peor de esto y tenlo muy en cuenta es que el insulto puede llegar de cualquier persona que tienes a tu alrededor. Gente que creías amable o que te apreciaba puede sorprenderte y mucho. Eso incluye: madre y padre, tío y tía, hermana y hermano, amiga y amigo; incluso tu pareja. No bajes la guardia ante estos ataques y estate preparada para ellos.
  • A veces no compensa. Es una lucha muy dura que requiere una mentalidad fuerte y constante. A pesar de tus esfuerzos y de que estés al pie del cañón cada día, a cada momento, habrá veces en las que pienses que no compensa. Es normal: nos enfrentamos contra la gran tradición machista patriarcal de este mundo que lleva aquí más años de los que tus abuelas pueden recordar. Es el imperio de la mente hecha enemigo.
  • Es cansado. Consigas o no tus metas, consigas o no hacerte oír, no importa. Esto es muy cansado. Con el tiempo te darás cuenta de que las ostias te llegan por todos lados, estés preparada o no. Desde un tweet a un artículo, de una conversación a una canción. Esto es agotador. Tú lengua ha de estar siempre dispuesta a defender a tu mente y puede llegar a ser completamente estresante. Coge fuerzas siempre que puedas, porque siempre las vas a necesitar.
  • Serás criticada por lo que sea. Esto va desde el largo de tu falda hasta por qué te has pintado los labios. Ni hablemos de los escotes. La gente suele tener una idea muy clara y firme de lo que es una feminista y esa es la de una mujer fea y malfollada que no tiene derecho a estar guapa de ninguna manera. Intentarán derrumbar cualquier filosofía feminista atacando a tu físico porque creen que no tenemos derecho a vernos bien. Lo peor de esto es que darán por ganada la partida porque al llevar tú tacones, en el fondo, te has rendido al patriarcado.
  • Muchas de tus creencias desaparecerán. Y aunque a priori parezca guay, quizá te lleve a un terreno difícil de manejar. Tanto si has creído toda la vida en la iglesia católica, como si te ha encantado la moda o esa cantante que te hace vibrar. No importa qué creencia sea y ésta puede ir desde la religión (sea la que sea) hasta cosas más cotidianas. Prepárate para verle defectos machistas a tu serie favorita, a la letra de una canción o cosas más profundas como la forma en que mires a la Historia o la Filosofía, por no decir el Arte.
  • Vas a transformarte en otra persona. Seguramente mantendrás muchas de tus costumbres y gustos, pero algo en ti va a regurgitar. Quizá seas una persona nueva, quizá hasta cambies de hábitos. Ya no vas a ver la vida con el mismo filtro y ahora que te pondrás las gafas violetas, mutarás. Es algo bueno, por si te lo estás preguntando. Porque entrarás en otra dimensión, la dimensión feminista. Llena tus pulmones una vez más y ponte el cinturón para ir bien protegida en la nueva autopista hacia tu futuro yo.
  • Serás mucho más feliz y mucho más infeliz. Si hay algo que todas hemos sufrido en este proceso es una sensación de libertad. Dejas atrás las imposiciones que antes veías como algo normal. Eres libre. Volarás hasta cotas jamás pensadas y la felicidad de empezar a pensar por ti misma, por encima de las tradiciones o suposiciones sociales te colmará. Pero esto es un arma de doble filo y la infelicidad llegará cuando te des cuenta de que las mujeres que no siguen la senda lo tienen aún más difícil. Pero no te preocupes: la felicidad gana a la infelicidad.
  • Podrás seguir amando la ropa, el maquillaje, los tacones, los bolsos y cualquier cosa que los machistas y las machistas consideran impropio de una feminista: porque te darás cuenta de que es una soberana estupidez. Puedes maquillarte, volverte loca con la ropa, ¡qué importa! Porque sabrás que eso no es lo que te identifica, es un juego, un envoltorio, algo que no te define. Y ahí está la clave: puedes llevar lo que te dé la gana y gustarte lo que sea, porque no está escrito que ser feminista sea sinónimo de ir hecha unos zorros.

Espero no haber desmotivado a nadie y seguro que no lo he hecho. Porque todas sabemos que el feminismo es algo más importante que toda esta lista que he hecho: es el único camino que nos lleva a la igualdad, el respeto y a la liberalización total de la mujer. Y no sólo nuestra vida, sino la de todas las demás, de aquellas que nos quedan lejos en el mundo. A pesar de todo lo que he escrito, ser feminista es la única forma de vida que conozco. Y jamás dejará de serlo.

¿Y si no existiera el color rosa?

El rosa es terreno femenino. Es ese color con el que las niñas se identifican, con el que quieren vestirse, con el que quieren vestir a sus muñecas. Es el color de sus cosas del colegio, el de su abrigo, el de su lazo para el pelo. Lo adoran Y lo exigen porque les gusta. Es lo que más les gusta. Les das una mierda rosa y se la comerían a besos. Porque es SU color. Es el color de las niñas, el que piden, el que les vuelve locas. Y es que es así: las niñas, por su código genético, nacen sabiendo que hay un color que les pertenece, un color que las entiende, que las define, que las protege. Y como está demostrado científicamente, las grandes empresas, jugueteros, diseñadores y diseñadoras, lo hacen todo rosa para ellas porque su biología está determinada para ello.

Así se origina esta vorágine rosa que inunda las jugueterías, tiendas de ropa, etc. De unos seres sin capacidad de razonamiento, sin capacidad de discernir ni qué es un color y mucho menos una premisa social, se extrae que tienen el gen rosa implantado como el chip del móvil desde el nacimiento y se condicionan los productos destinados a esta necesidad intrínseca, de la que ninguna fémina, por lactante que sea, puede evitar.

Porque claro, pensar al revés… a ver. Pensemos por un momento: ¿no será la sociedad quien mete por los ojos de las niñas desde la más tierna infancia el color rosa identificado con lo que se considera femenino? Quizá es muy atrevido lo que estoy diciendo. ¿No podemos pensar que las empresas crean cosas para niñas, identificando el papel impuesto a la mujer a lo rosa? ¿No aprovechan que las niñas copian lo que ven de las mujeres adultas, para venderles juguetes y de paso venderles el rosa? ¿Alguien más que yo ha pensado esto alguna vez

Obviamente, estoy siendo sarcástica.

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Ante la opinión de mucha gente, que el rosa es lo que las niñas piden porque ellas solas, en cuanto pueden, considero que no es más que una imposición social, lo cual tiene más sentido. Porque creer que una niña pedirá el rosa porque le gusta, que todas lo pedirán, que las niñas en conjunto se vuelven locas con él, ¿no es darles una capacidad mental que no se tiene a esas edades? El rosa se asocia no sólo a las niñas, sino a las niñas buenas. A las niñas que cuidan bebés y juegan a ser mamás.

Las niñas no piden el rosa por combustión espontánea. No les gusta porque estén programadas para ello. Les gusta porque las grandes empresas se ocupan de marcar la diferencia de género usando los colores, en un ejercicio despiadado de formar a las futuras madres y cuidadoras del futuro. ¿O no? ¿Qué pasa cuando un niño quiere algo rosa? Si yo no tuviera razón, si el rosa no se usase para marcar lo débil, lo femenino, lo maternal, lo tierno… ¿qué problema habría con que un niño usase juguetes o ropa rosa? ¿Qué sucede cuando un niño pide algo rosa? La mayoría de madres y padres se echan las manos a la cabeza pensando que su hijo es medio gay o gay perdido y lo niegan, le dan una lista incomprensible de absurdas razones acerca de que él no puede tener algo rosa. Un niño con algo rosa rápido se oyen a su alrededor voces discordantes: eso es de niñas, los niños no llevan rosa, en rosa no… simplemente para esconder algo que todas sabemos pero que la sociedad niega: el rosa es para lo débil, para la mujer, no para el hombre. Y los niños han de aprender desde pequeños cuál es su sitio en la sociedad: las niñas son rosas, son madres, son débiles, son cuidadoras y ese terreno queda vedado a los niños porque serán considerados unos maricones.

¿Y si el rosa no existiera? ¿Qué pedirían las niñas? ¿Con qué se identificarían? ¿Habría que inventar el rosa? Quizá se utilizaría otro color para diferenciar a los géneros desde pequeños, para que sepan cómo han de comportarse, pero no, las niñas, si no existiera el rosa no lo pedirían porque no está en sus genes. Ellas nacen y no saben lo que es el rosa. No lo saben. Se lo enseñamos nosotras y nosotros desde una perspectiva adulta que les marca muy bien el camino tanto a unos como a otras. Si el rosa no existiera otro color ocuparía su lugar y las niñas lo pedirían igual.

Feminista en construcción

Desde que nacemos estamos marcadas. Cultura, familia, escuela, educación, televisión, tradición. Llegamos llorando a un mundo que no comprendemos y lo que es peor, un mundo donde la mayor parte de la gente que nos ha precedido no ha comprendido tampoco.

Nos lanzan a una infancia colmada de directrices: de pronto nos pueden poner vestidos, rosas o nos disfrazan de princesas en Carnaval. Nuestras ropas nos separan de esos otros que dicen que no tienen vagina sino pene y que nos son tan bizarros. Los juguetes con los que soñamos también son diferentes a los de ellos y si traspasas esa barrera te encuentras con una pegatina peyorativa: marimacho. Y si eres marimacho las niñas te miran mal y los niños te miran raro. Porque la vida es rosa o azul.

En la adolescencia pueden pasarte sólo dos cosas: que encajes con el perfil de persona popular que se estile en ese momento y que tengas una existencia placentera o que no encajes en absoluto (defínete como quieras) y que seas el blanco de burlas y demás. Si tienes la suerte de ser una persona “normal” en esta etapa no pensarás mucho más. ¿Para qué? Si todo va bien. En cambio, si tienes la suerte (porque es una suerte también) de caer en el otro bando, empezarás a pensar muchas cosas.

Lo más importante es construir un discurso basado en algo guay. Puede ser lo que más te guste a ti, indistintamente de los demás. Lo que buscas es una afirmación que te ayude a sostenerte distinta a los demás. Y es una suerte, ¿sabes? Porque has empezado a pensar fuera del redil. Te rebelas. Vas más allá y vives diferente. Se pasa mal, lo sé. Yo leía a Wilde por los pasillos con 15 años, con el pelo como un chico y las uñas negras mientras las demás forraban su carpeta con las caras de los Back Street Boys.

Lo que te depara el futuro, seas de unas o de otras, ya es una mayor incógnita pero todavía te queda mucho por aprender. Ni todas las conformistas adolescentes acaban siendo clones de Cospedal ni todas las rebeldes unas Pasionarias. A veces los papeles se intercambian pero lo que todas tenemos en común es nuestra salida al mundo laboral. Particularmente fue cuando se construyó mi feminista actual aunque yo no lo supiera. Desarrollarse como feminista puede sucederte a cualquier edad pero lo que seguro que harás primero es en focalizar tus preguntas en un tema en particular. Pon aquí lo que quieras: siempre hay algo en la memoria de todas que detonó la dinamita.

Prepárate para un viaje personal y apasionante
Prepárate para un viaje personal y apasionante

Y he ahí nuestro segundo nacimiento: no vemos el color azul ni rosa de la infancia, empezamos a ver un tono violáceo que está a medio camino de todo, que nos sugiere ambigüedad. Porque ser feminista no viene de la noche a la mañana, necesita un proceso largo y exhausto, en la mayoría de los casos. De la primera pregunta tiramos de la madeja y surge una segunda. De ahí a otra y de repente nos damos cuenta de que la madeja está en nuestras manos. Los hilos que mueven la sociedad nos oprimen y queremos cortarlos. Lo que hoy desconoces lo sabrás mañana y lo que hoy no imaginabas machistas mañana lo criticarás.

La conversión al feminismo es más compleja de lo que desde fuera o desde un principio se puede imaginar. Esto no es como la comunión, que vas un año a la catequesis, te cuentan una historia, te tomas la ostia y recibes a Dios. En el feminismo todo va descompensado: primero te das la ostia, reinterpretas la historia y te quedan años de aprendizaje. Por eso no es malo pensar: he reflexionado sobre esto pero hay otros temas de los que aún no tengo opinión. No lo es porque esto, amigas y amigos, es un proceso que tarda su tiempo, pues aunque se haya escrito al respecto, no está reglada su enseñanza ni en las escuelas ni las familias, sino que es un aprendizaje personal, único, de descubrimiento, que lleva su tiempo pero del que no te apartas jamás.

 

No cocines en la cacerola de tu vecino

Vamos a hablar en general, que me mola mucho. En general, hoy día, una mujer divorciada suele estar, lo que podríamos decir, liberada. Se ha quitado el peso del marido, de algunas esclavitudes cotidianas del hogar. Muchas parecen que se han quitado diez años de encima y comienzan a hacer cosas que no hacían durante su matrimonio, en su propio beneficio. Obviamente, hay de todo. Pero no hace muchos años esta imagen era casi imposible: una mujer divorciada era mala, la habían dejado por mala, era una mala pécora, no la aguantaba nadie, era quien había sido una mala mujer y su bien marido había acabado por repudiarla. Quizá hay quien hoy día piense así de la mujer que rompe el vínculo sagrado del matrimonio.

Pero la mujer que ha pasado por las camas de muchos hombres, antes y ahora, sigue siendo una puta en toda regla. Como las mujeres no podemos ser promíscuas, o tener sexo con quien nos apetezca y cuando queramos, como no somos reinas de nuestra sexualidad, porque es pecado, la que se va con varios es una guarra.

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Pues sumemos los dos conceptos: la mala mujer que se divorcia y la mala mujer que tiene sexo con varios. Quizá en nuestra cultura las cosas estén cambiando pero sabemos que no en otros lugares del mundo y en sitios como la India una mujer puede ser apartada del clan si se ha divorciado. Lo que está claro es que hay un poso en el que todas hemos entendido que la buena mujer sólo está con un hombre, se casa una vez y si enviuda, ha de perder la sensibilidad en los genitales porque ya su tiempo ha pasado. Que estas ideas van muy ligadas a las religiones, no hay que ser un lince para darse cuenta.

Ha llegado a mi poder una frase del Talmud: “No cocines en la cacerola de tu vecino”.

Cuando he leído la explicación de esta frase me he quedado muerta. Es un dicho judío que significa que no metas la polla en el coño de alguien que ya ha tenido casa. O lo que es lo mismo: no tengas sexo con una mujer que ya ha estado casada o es viuda, porque la mujer sólo puede pertenecer a un hombre y uno, no tiene derecho a rehacer su vida y dos, ella, quien ya ha tenido experiencia con otro miembro viril, puede considerar el tuyo una cosa diminuta y que tu hombría se vaya a la mierda.

No es aceptable una mujer con experiencia en el sexo. ¿De ahí vienen todos los pensamientos contra la sexualidad libre de la mujer? ¿Siempre han tenido miedo los hombres a que se compare su pene con el de los demás? ¿Nos han querido meter la idea de que somos malas y unas guarras cuando lo único que pas es que no pueden soportar tener una polla pequeña? ¿Hemos estado jugando a esto?

¿Las mujeres han soportado años de estigma social respecto al sexo sólo porque estaban acomplejados?

Ahí dejo eso.

 

Transcultural o Quiero un cambio de sexo social- Segunda parte

Le he estado dando vueltas al tema y creo que se me quedaron varios temas en el tintero respecto a este cambio de sexo social que quiero adoptar. Allá voy:

Quiero que nadie espere que voy a ser yo la que quite la mesa después de acabar de comer.

Quiero que no se suponga que soy yo la persona que limpia la casa, lo cual incluye no empezar conmigo ninguna conversación del estilo: ¿has limpiado hoy? ¿Cómo tienes tu casa? ¿qué usas para limpiar el suelo? etc.

Quiero que no se de por sentado que yo soy la chacha del hogar y que lo hago todo encantada de la vida.

6marlenedietrich1935Quiero que no se piense que conduzco mal porque soy mujer. ¡Ni que los genitales me condicionaran a la hora de ponerme delante de un volante!

Quiero, incluso, que se me tengan por ciertas algunas de las “malas” prácticas masculinas: quiero que se piense que soy una persona fuerte que no va romper a llorar como una “nena” (nunca mejor dicho) ante un serio problema.

Quiero que se me de la oportunidad de ser una persona fría, que no tenga a veces que contestar con esa efusividad tan estúpida que se espera de las mujeres en muchos casos, como por ejemplo, ante los bebés.

Quiero que como un hombre, se me trate una persona capaz de enfrentarse a reparaciones domésticas, que no se me vea como una pobre desvalida que no sabe usar una taladradora.

Quiero que se me suponga fuerza física pues soy arqueóloga y conozco arqueólogas y en las excavaciones he visto chicas llevar tanto peso encima que haría acomplejarse al macho alfa más macho alfa del mundo.

Quiero que se piense que puedo mantener conversaciones de cualquier tipo, incluso de temas de opinión y actualidad, temas candentes, que no sólo voy a hablar de vestidos y chorradas similares.

Quiero que se me trate como una heroína de cómic, pero sin esos bikinis que les ponen, sino como un heroína con los trajes que se les ponen a los hombres.

Quiero que si bebo no se me tache de borracha.

Y por ahora eso es todo. Creo que con estos dos post me daría por satisfecha en mi cambio de sexo social. A ver cuando ocurre.