50 sombras de resignación femenina

Por lo que me han contado o he visto en la televisión, 50 sombras fue una inspiración de la trilogía Crepúsculo. Empezamos bien. Hay que comprender que para una fan de True Blood tan acérrima como es mío, Crepúsculo sea algo menos que un chiste. Las sombras pronto se denominaron “porno para mamás”, epíteto menos erótico, imposible. Se conoce que las mamás no ven porno o no al menos, las mamás americanas. O que al convertirte en mamá no tienes permiso para mirarlo. Lo que sea. Total, que unas novelitas es la excusa para que mujeres de medio mundo occidental descubran el sexo. O las fantasías sexuales. Mujeres que en su vida han pasado del misionero se desmelenan porque una mujer, mamá, lo escribe y de repente, está bien. Un ama de casa se desinhibe y como no es pervertido, es correcto. Hay dos cosas horribles en este hecho: primero porque se ha demostrado la cantidad de señoras que no han tenido una vida sexual plena y segundo porque ahora que la descubren, resulta que es sexo sumiso.

La mujer inexperta se pone en manos de un señor forrado (que además está buenísimo) y queda expuesta a su merced y voluntad. No hace más falta ver el tráiler. Una vez más la mujer es sometida, es aleccionada por un hombre, que la toma bajo su capa, que ni la de Luis Candelas. Lo interesante es que a muchas mujeres les ha encantado la historia. Sentirse dominada es una de las fantasías más recurrentes. ¿Qué cómo lo sé? No sólo porque lo he leído hasta la saciedad en las denominadas “revistas femeninas” sino porque al tener un blog, tengo acceso a cierta información privilegiada. Muchas personas llegan hasta mi bitácora escribiendo: me gusta que me violen. Creo que llegado este punto, y si me lee alguien que haya dicho esto, es conveniente aclarar que la violación es la relación sexual NO consentida. La violación ES una agresión sexual contraria a la voluntad de la persona agredida. Con lo cual, que te guste que te violen es algo sin sentido. Quizá lo que te guste sea que te dominen en la cama y de eso hablaremos después. Pero siguiendo con la sumisión en la cama, con todas las vertientes de esta idea de que las mujeres estamos más que dispuestas a ser sometidas por un varón de buena verga porque es lo que más deseamos en este planeta, decir también que hay quien llega a mi blog escribiendo: que ha violado a alguien (no sé qué pretende, si ya lo ha hecho, no sé qué consigue con esa búsqueda), que quiere violar a alguien (quizá busque consejo) o quienes quieren saber si a las mujeres nos gusta que nos violen (o lo más parecido a buscar si nos gustan que nos sometan aunque roguemos que no lo hagan.) Quienes han violado me dan mucho asco y ojalá reciban su castigo: los que quieren violar, ojalá os deis cuenta del error que pretendéis cometer, los que quieren saber si a las mujeres nos gusta ser violadas, la respuesta es no. Espero haber sido de ayuda.

sumisión

Aunque no me quito de la cabeza un concepto que en Historia siempre hemos escuchado de boca de algunos seductores y en las críticas hacia la sociedad de aquellas mujeres que pudieron escribir y que consiguieron que sus textos nos llegasen: la idea de que la mujer de buena cuna, la mujer respetable y de alcurnia va a decir que no a un caballero en primer lugar, para hacerse valer, porque es lo que una dama debe hacer. Siempre se ha visto bien que una dama reniegue de sus impulsos sexuales, que se deje llevar por el amor carnal. Una dama ha de rechazar y sus noes, son síes. Y de estos barros estos lodos: la idea de que la mujer reprime su instinto sexual por pudor se convierte con el tiempo en esa manida frase de “las mujeres cuando dicen que no es que sí”. Y ya tienes ahí a la caterva de depravados que bajo unas normas impuestas por ellos mismos, conforman el ideario femenino de nuestra sexualidad.

La cosa está en que no hay nada malo en que a una mujer le guste sentirse dominada en una relación sexual, siempre y cuando sea un rol pedido y aceptado por las personas implicadas y que dicha situación no traspase los límites que se establezcan. Hay tantas fantasías sexuales como personas en el mundo y mientras sean realizadas con libertad, consentimiento y deseo, no hay nada de qué avergonzarse. ¿Y qué problema hay en 50 sombras de Grey? Pues la pena de seguir perpetuando la idea de que la mujer cándida descubre el placer al entregarse a un hombre. Una mujer que no ha sabido descubrirse a sí misma y que no expone su voluntad en la relación, sino que se deja llevar. La mujer del siglo XXI ha de superar esta ignorancia de la sexualidad y aprender a no ser el jueguecito de nadie. La pena es que este repentino despertar femenino a las fantasías sexuales, se ha debido a una novela que da permiso a la mujer para fantasear: y da permiso bajo mi opinión por cómo es la autora. Si la misma trilogía la hubiera escrito, por imaginar, una actriz porno, no hubiera tenido ni la mitad de éxito. La pena es que en el siglo XXI las mujeres hayan empezado a hablar de sexo como si empezasen la casa por el tejado: pensando en la sumisión en lugar de ser ellas el foco de la revolución.

Así que si sumamos: que hay más de una generación de mujeres que no ha despertado al sexo (incluso teniendo hijos), que cuando lo hacen se descubren al sexo sumiso con un hombre en el rol dominante y que muchos hombres creen que pueden abusar de una mujer porque les va a encantar, te das cuenta de que seguimos con un problema enorme para conseguir na sexualidad plena, adulta y satisfactoria para la dignidad de todas las implicadas e implicados.

 

El vestido de la Pedroche y otros cuentos

Estábamos en casa antes de las uvas y mi tía me preguntó si yo creía que Anne Igartiburu tenía frío. Me la quedé mirando y contesté: tiene tan tiesos los pezones que podría cortar el hielo.

Y era cierto. Su pose rígida, su cara de pasmo en los silencios, estaba tiesa como una vara. Casi tiritaba. Mientras a su lado, un descansado Ramón García con una capa que ya la quería Igartiburu para ella, ni se percataba de las bajas temperaturas. Ahí estaban los dos, un ejemplo más que sumar a la lista de que la mujer ha de enseñar carne y que su belleza y figura ha de estar por encima de todo. Eso que dicen que si quieres presumir has de sufrir.

La palabra es: innecesario
La palabra es: innecesario

Al día siguiente leí en todos los sitios sobre el vestido de llevó Cristina Pedroche en la Sexta. La Sexta es esa cadena que va de progre y de igualitaria y un montón de ideas súper guays, pero que tiene a todas sus presentadores de informativos guapas y delgadas y que no has visto tú una gorda ni una fea, ni nada parecido a un Miky Nadal pero en chica o nada similar al Gran Wyoming pero en chica. Les gusta mucho enseñar tetas y poner a presentadoras buenorras sea donde sea, porque son progres pero les gusta más el culamen que a un tonto un lápiz. Así que repitieron: ella con unas transparencias innecesarias y él bien vestido.

¿Qué raro, no? En dos cadenas se repite el guion. ¿Se habrán llamado para quedar? Lo dudo. Es la moda patriarcal más en voga que nunca oiga. Es la necesidad absoluta de enseñar el cuerpo de la mujer, sea como sea, cuando sea, caiga quien caiga. La mujer está ahí para ser mostrada, ha de lucir, ha de ser resplandeciente, complaciente al ojo del varón que la mira con deseo pero que niega cualquier implicación tras la socorrida: si se lo pone es porque quiere. Ellos, que desde su sofá de comodidad no se han visto nunca cuestionados por su físico y que no han temido perder un trabajo si no cumplen algunas condiciones sexistas.

El problema del vestido de la Pedroche es que no es necesario. Quizá sea esta una gran idea más revolucionaria que la revolución en sí, pero LAS MUJERES NO NECESITAMOS ENSEÑAR NUESTRO CUERPO CONSTANTEMENTE. NUESTRA PROFESIONALIDAD PUEDE DEMOSTRARSE SIN QUE ENSEÑEMOS LAS BRAGAS. Señora Pedroche, enseñe las bragas si quiere, pero no piense que eso es necesario. Aunque si su valía es sólo enseñar las bragas, deje los medios de comunicación para personas más cualificadas.

En cuanto a la Igartiburu, lo mismo le digo señora. Que usted ya es un icono vivo de la televisión de este país: ¿no puede pedir una capita como la de su compañero? Aunque no iba desnuda, su frío era contagioso. Probablemente sea difícil, pero quizá compense enseñar un poco menos pero estar más calentita. Eso, ya lo verá usted el año que viene, donde estará religiosamente anclada a las campanadas de 2016.

Hasta entonces, espero que no se constipen ninguna de las dos.

Los maravillosos genes de la raza blanca

Tiene gracia. Ayer hice un link a una noticia donde se hablaba de una niña, conocida (o vendida por sus mismos progenitores) como la niña más guapa del mundo. Puse: tengo muchas cosas que decir al respecto. Y el Twitter oficial de la niña (¿cuál es la edad mínima para tener Twitter?), me puso un favorito. No sé si sabe castellano. Si no, no hubiera puesto un favorito a una cuenta feminista.

Porque sí, tengo algo que decir al respecto.

Kristina Pímenova, se llama la criaturita y no ha cumplido aún ni los dos dígitos. Su madre, antigua modelo, su padre, jugador de fútbol. Se conoce que son unos genes potentes, como en suelo patrio podría ser la unión de folklórica y torero. Su madre y su padre están más que satisfechos de que la nena menee palmito en pasarelas y que grandes marcas se la rifen. Se conoce que comenzó a desfilar con tres años. Y para más inri, la chica está presente en todas las redes sociales, enviando su imagen al mundo entero cuando aún no sabrá ni dividir con decimales.

Obviamente, tengo mi propia opinión al respecto:

Lo primero que quiero decir es que no me gusta, repito, no me gusta nada, la etiqueta de “la niña más guapa del mundo”. Cabe recordar que en el mundo hay varias razas, que los seres humanos somos todos muy distintos y que la belleza se mide según el ojo desde el que se mira. No es “la niña más guapa del mundo” porque la belleza no es igual para todos. ¿Soy la única que ve cierto racismo en todo esto? Nos hemos más que acostumbrado a vanagloriar a la raza blanca y a vender nuestro código genético como superior (esto no es nada nuevo) y nos creemos el centro de todo. ¿Qué han de decir las mujeres de color, asiáticas, taínas? ¿Estamos mandando al mundo la idea de que si no son blancas jamás serán las mujeres más guapas del planeta?

La niña en cuestión
La niña en cuestión

El hombre blanco siempre imponiendo su criterio.

Lo segundo es la falta de escrúpulos que pueden tener estos progenitores. No les importa someter a su hija a trabajo, a sesiones de fotos, a que su imagen esté pululando por ahí sin medir las consecuencias. Nunca he visto mal que en alguna ocasión algún niño o niña haga un anuncio, como mera diversión, ingresos extras, etc. Pero esto va más allá. Yo no me sentiría tranquila exponiendo a una persona al ojo público cuando no tiene la madurez necesaria para saber si eso es bueno o malo. Si lo quiere o no. Siempre pueden escudarse en eso de que: ella se lo pasa muy bien.

Pero ella no ha podido escoger. Ningún infante puede escoger. Aunque algunos rechacen el colegio, la opción B no es esta. No sé qué diferencia hay entre los padres de ciertos países que obligan a sus hijas a casarse con 8 años que estos que desde los 3 meten a su hija en un juego de adultos. Claro que esto puede resultar más glamuroso, pero en el fondo es lo mismo. Niñas que no eligen, que son expuestas por sus padres.

Y es que el bien más preciado que tenemos es la libertad y con ella la capacidad de decisión. Con 9 años no puedes diferenciar si este trabajo es bueno o malo. Aunque peor aún: lo que esta niña no ha podido es decidir. Como las niñas que dejan el colegio a los 12 años para cuidar la casa. Como todas esas sobre las que ponemos el ojo, criticando a su cultura.

Porque el infierno es el paraíso del que no se puede escapar.

 

Prensa deportiva, ¿pero qué haces?

Os voy a enseñar unas fotitos que hice ayer de un famoso diario deportivo. Esta era su portada:

wpid-dsc_0186.jpg

Bien. Pues dentro, había un suplemento, con esta bonita portada:

wpid-dsc_0188.jpg

Que viene a ser lo que la mujer es para los periodistas deportivos: un chocho. En fin, para que lo veáis mejor:

wpid-dsc_0187.jpg

Esto es la mujer, ni más ni menos. Para el fútbol, para el mundial, para este diario. Me los imagino, con su testosterona subidita, creyéndose muy hombres, poniendo estas fotos y redactando estas mierdas. Se creerán que vale mucho su diario. La siguiente página se puede ver esto:

wpid-dsc_0189.jpg

Más mujeres objetos. Me pregunto yo si hay mujeres en esta redacción o se la pueden menear tranquilamente cuando escriben estas cosas. Me repugna un horror que la mujer sea tratada como un objeto en este tipo de publicaciones. Es asqueroso, es denigrante para la mujer y para el periodismo. Se creerán que hacen algo bueno, que son profesionales. Y lo que son es tan machistas como el que más. Porque ningún hombre que se precie podría poner en un diario sobre deporte a mujeres con esta pose.

wpid-dsc_0190.jpgPues nada machotes, que os cunda vuestro periodismo. Si es que lo que hacéis puede ser llamado periodismo.

La monarquía goza de perfecta salud

Estaba yo hoy en la tienda Disney rodeada de princesas, tan guapas ellas, tan monas. Allí te sientes acorralada, mires donde mires las ves, tan bien vestidas, con esos tonos rosas y lilas y azules y ahora verdes, que se ve que también está de moda entre las princesas. Están todas y no falta ninguna. Princesas y princesas y más princesas.

Las niñas se pirran. Las que están en la tienda, las que no, la inmensa mayoría de ellas. Muchas. Demasiadas. La monarquía no ha gozado nunca de tanta salud en España y no, no hay que buscar entre las filas de las más maduras, sólo hay que ir al parvulario. Cómo se me atraganta tanta monarquía. ¡Qué manía con las princesas! Está muy bien seguir inculcando esa forma de ser en las niñas. Las princesas son sumisas conformistas con una eterna sonrisa para todos, sin una mala forma, sin ápice de carácter. Son las perfectas futuras cocineras, perfectas amas de casa, perfectos objetos bonitos. Las princesas dan una importancia desmesurada a la apariencia física. Las princesas se enamoran de príncipes. No son nunca lesbianas.

"Aprendo a ser princesa". Así llevan las mujeres años y años, aprendiendo a ser sumisas.
“Aprendo a ser princesa”. Así llevan las mujeres años y años, aprendiendo a ser sumisas.

Sólo son muñecas. Pero hay princesas en la vida real. Y creo que deberían dejar de existir. Las de verdad y las de mentira. Poco me gusta la monarquía, la de verdad y la de mentira, porque la de mentira alecciona a futuras sumisas y la de verdad flaco favor nos hace. Siguen dando sentido a una imagen anticuada: nuestra reina es una comparsa al lado de quien lleva el mando, una imagen “bonita” que es una muñeca que siempre da la buena cara, que siempre va bien vestida. Una mujer que no puede ni pedirle el divorcio a su marido.

Sus hijas, princesitas, van siempre monas y a la heredera, que lo es porque han puesto un parche a una ley machista, le espera un futuro matrimonio, porque jamás podrá tener opción a no casarse, tendrá que formar una familia y si es lesbiana o no puede tener hijos, los rumores correrán y la corona nunca peligrará porque para eso está el orden de sucesión. Las princesas no besan a princesas, las princesas no contemplan no casarse. Las princesas van de camino a ser esposas y madres.

La monarquía goza de una salud perfecta: siguen teniendo comandos para hacer creer a las niñas que ser pirncesa es lo mejor del mundo. En España se han callado las voces republicanas rápidamente, incluso dentro de las filas de los republicanos. La familia hombre-mujer sigue siendo el pilar de la sociedad española decente y dejamos la cabeza del estado a los modelos eternos de familia tradicional.

Y ahí está todo. Inamovible.

A vueltas con el fútbol

Ya he hablado del fútbol en otras ocasiones, pero qué queréis, me gustan los clásicos. Un clásico que cada vez es más patético. Un circo insufrible.

Lancé esta idea en Facebook el otro día: ¿qué acontecimiento femenino crea tantísima expectación y es tan seguido por millones de espectadores?, a colación de la final de la Champions League. ¿Existe? ¿Hay algo ejecutado exclusivamente por mujeres que mueva a tanta gente? Y con esto no me refiero al fútbol femenino, gran olvidado por sus colegas masculinos. Da igual que fuera un partido de mujeres, lo que fuera, hecho por mujeres, que se le da tanta importancia como a su equivalente o similar, masculino. No hace falta que busquéis. La respuesta es no.

Tan obvio es el olvido de las mujeres en sus hazañas, que en ese gran canal llamado Esport 3 (de la televisión de Cataluña, España), un lugar donde le chupan el culo 24 horas seguidas al Fútbol Club Barcelona, casi no se habla de que las mujeres del Barcelona ganaron la pasada liga. Sólo cuenta lo que los hombres hacen. Creo que llevan el mismo escudo y defienden al mismo club, creo, no estoy segura (espero que se percate la ironía) pero yo diría que sí. Pero claro, para estos, ser mujer y ganar una liga de fútbol no pasa de lo anecdótico.

Dicen que lo que las mujeres hacen no interesa a los hombres. En líneas generales. ¿Y por qué a nosotras nos interesan cosas que sean hechas por hombres? ¿Es costumbre? ¿O es cultural? ¿Es que lo que haga el hombre tiene más validez? Me temo que sí. Está más que demostrado que las cosas que sólo son hechas por mujeres pertenecen exclusivamente a la esfera femenina y a nadie más. Pero si vamos más allá, esa negativa a dar a lo de las mujeres un reconocimiento mayor pasa por la idea de la anécdota, de que para ellas es sólo un pasatiempo porque cuando formen una familia, pasarán de este rollo.

La señora que ha ganado el título de Miss del Mundial 2014. Dice que está muy orgullosa de haber conseguido este premio. Pobre...
La señora que ha ganado el título de Miss del Mundial 2014. Dice que está muy orgullosa de haber conseguido este premio. Pobre…

El mundo del fútbol guarda para las mujeres un gran apartado: el de periodista buenorra que sabe que te cagas de deportes. Son las reporteras, normalmente morenas con mucho UVA y un poco de canalillo, que los hombres compañeros de profesión tratan como idiotas pero que la ponen ahí para demostrar que no son machistas.

Pero ahora hay otro. Se conoce que hay Misses del Mundial 2014 (ese acontecimiento global que tanto interesa a los buenos patriotas españoles). O sea: que mientras el mundo encumbra a esos hombres que dan patadas por el honor de su país, las mujeres posan en culos para calentar el ambiente (y nunca mejor dicho). La elección de la Miss del Mundial no es sólo patético, sino una forma más de demostrar al mundo el papel tan sexual que la mujer juega en cualquier cosa que sea mediática.

¿ Para qué necesita una Miss un Mundial de fútbol masculino? ¿ Para que necesita el mundo vanagloriar a estos hombres? Las respuestas son hasta repetitivas de decir: una Miss porque los hombres han de poder ver tetas y vanagloriarlos porque parece ser que el honor de un país lo calibra los goles que se meten.

Que se lo digan a los indígenas brasileños del Amazonas…

Lo que pasa es que yo soy una antigua…

Será eso. Que soy una antigua. Soy de esas personas que no entienden por qué una mujer ha de ser tan sexualmente explícita para ser respetada en una profesión.

Tampoco entiendo que una mujer haya de ser extremadamente sexual para estar a la moda. Para que se hable de ella. Que de más importancia a su físico que a su talento. Soy de las que aún cree que si todo el mundo fuera ciego estas mujeres dejarían de tener importancia, porque sólo venden su cuerpo.

Me parece aún increíble que su exposición al sexo sea su mayor reclamo. Que si no se mueven como si las estuvieran penetrando cinco varones dotados a la vez no tendrían cabida en la profesión.

Esta señora, la Inna, podría quitarse la camiseta directamente. Total. Es el pan nuestro de cada día. Mujeres que enseñan su cuerpo como reclamo hacia ellas mismas, mujeres que no pueden llamar la atención si no venden sexo. Es lo que se pide a la mujer hoy día, ha de ser y parecer follable, sino, no tiene cabida en la sociedad de masas.

Aquí otro de mis favoritos:

La validez de la mujer se cuenta hoy por su cuerpo, relegando a un segundo plano la profesionalidad. Y lamentablemente esto está llegando a todos los ámbitos, incluso en profesiones donde se supone que no debería primar el aspecto físico como el periodismo o la política.

Seré una antigua pero la revolución feminista no era esto.