Cosas que una feminista ha de saber

Antes de convertirte en feminista debes saber que todo el glamour que nos rodea no es un camino de rosas. Ese aura de idealismo romántico que nos envuelve es en realidad una corona de espinas que duele más de lo que se deja entrever.

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He aquí lo que has de tener en cuenta antes de ingresar en nuestro mundo:

  • Prepárate para el insulto. Insulto puro y duro, sin medias tintas, sin indirectas. Te van a insultar y es lo primero que has de saber. Es algo que quizá ya hayas pensado pero lo peor de esto y tenlo muy en cuenta es que el insulto puede llegar de cualquier persona que tienes a tu alrededor. Gente que creías amable o que te apreciaba puede sorprenderte y mucho. Eso incluye: madre y padre, tío y tía, hermana y hermano, amiga y amigo; incluso tu pareja. No bajes la guardia ante estos ataques y estate preparada para ellos.
  • A veces no compensa. Es una lucha muy dura que requiere una mentalidad fuerte y constante. A pesar de tus esfuerzos y de que estés al pie del cañón cada día, a cada momento, habrá veces en las que pienses que no compensa. Es normal: nos enfrentamos contra la gran tradición machista patriarcal de este mundo que lleva aquí más años de los que tus abuelas pueden recordar. Es el imperio de la mente hecha enemigo.
  • Es cansado. Consigas o no tus metas, consigas o no hacerte oír, no importa. Esto es muy cansado. Con el tiempo te darás cuenta de que las ostias te llegan por todos lados, estés preparada o no. Desde un tweet a un artículo, de una conversación a una canción. Esto es agotador. Tú lengua ha de estar siempre dispuesta a defender a tu mente y puede llegar a ser completamente estresante. Coge fuerzas siempre que puedas, porque siempre las vas a necesitar.
  • Serás criticada por lo que sea. Esto va desde el largo de tu falda hasta por qué te has pintado los labios. Ni hablemos de los escotes. La gente suele tener una idea muy clara y firme de lo que es una feminista y esa es la de una mujer fea y malfollada que no tiene derecho a estar guapa de ninguna manera. Intentarán derrumbar cualquier filosofía feminista atacando a tu físico porque creen que no tenemos derecho a vernos bien. Lo peor de esto es que darán por ganada la partida porque al llevar tú tacones, en el fondo, te has rendido al patriarcado.
  • Muchas de tus creencias desaparecerán. Y aunque a priori parezca guay, quizá te lleve a un terreno difícil de manejar. Tanto si has creído toda la vida en la iglesia católica, como si te ha encantado la moda o esa cantante que te hace vibrar. No importa qué creencia sea y ésta puede ir desde la religión (sea la que sea) hasta cosas más cotidianas. Prepárate para verle defectos machistas a tu serie favorita, a la letra de una canción o cosas más profundas como la forma en que mires a la Historia o la Filosofía, por no decir el Arte.
  • Vas a transformarte en otra persona. Seguramente mantendrás muchas de tus costumbres y gustos, pero algo en ti va a regurgitar. Quizá seas una persona nueva, quizá hasta cambies de hábitos. Ya no vas a ver la vida con el mismo filtro y ahora que te pondrás las gafas violetas, mutarás. Es algo bueno, por si te lo estás preguntando. Porque entrarás en otra dimensión, la dimensión feminista. Llena tus pulmones una vez más y ponte el cinturón para ir bien protegida en la nueva autopista hacia tu futuro yo.
  • Serás mucho más feliz y mucho más infeliz. Si hay algo que todas hemos sufrido en este proceso es una sensación de libertad. Dejas atrás las imposiciones que antes veías como algo normal. Eres libre. Volarás hasta cotas jamás pensadas y la felicidad de empezar a pensar por ti misma, por encima de las tradiciones o suposiciones sociales te colmará. Pero esto es un arma de doble filo y la infelicidad llegará cuando te des cuenta de que las mujeres que no siguen la senda lo tienen aún más difícil. Pero no te preocupes: la felicidad gana a la infelicidad.
  • Podrás seguir amando la ropa, el maquillaje, los tacones, los bolsos y cualquier cosa que los machistas y las machistas consideran impropio de una feminista: porque te darás cuenta de que es una soberana estupidez. Puedes maquillarte, volverte loca con la ropa, ¡qué importa! Porque sabrás que eso no es lo que te identifica, es un juego, un envoltorio, algo que no te define. Y ahí está la clave: puedes llevar lo que te dé la gana y gustarte lo que sea, porque no está escrito que ser feminista sea sinónimo de ir hecha unos zorros.

Espero no haber desmotivado a nadie y seguro que no lo he hecho. Porque todas sabemos que el feminismo es algo más importante que toda esta lista que he hecho: es el único camino que nos lleva a la igualdad, el respeto y a la liberalización total de la mujer. Y no sólo nuestra vida, sino la de todas las demás, de aquellas que nos quedan lejos en el mundo. A pesar de todo lo que he escrito, ser feminista es la única forma de vida que conozco. Y jamás dejará de serlo.

25 años de Los Simpson… y de Marge Simpson

Cuando comencé a ver Los Simpson aún los daban en la 2 de Televisión Española. No suelo recordar cosas de la tele con tanta precisión de mis años de infancia, pero quizá fue que me gustaron tanto desde el principio que me acuerdo de todos los detalles. Tenía yo entonces la edad que Lisa lleva viviendo desde que nos conocimos. Creo que he visto todos los capítulos más de mil veces y cuando digo mil quizá exagere pero no me alejo demasiado de la realidad: llevan años en Antena 3 (televisión española) pasándolos a las 2 de la tarde y para colmo, desde hace otros tantos, cada noche en Neox (otra televisión del grupo de Antena 3) a las 9. A veces dan tres seguidos. Así que si hacemos cuentas, lo más probable es que vaya camino de las mil veces. Me los sé de memoria. Me sé los diálogos, las coletillas y una vez aposté a que me acordaba de más de cien capítulos… en la lista aparecieron más de 300 y van por 500, así que no está nada mal.

Así que hablo con conocimiento de causa cuando me planteo la evolución que la madre amantísima de la familia, Marge Simpson, ha sufrido con el tiempo.

margeCuando Marge llega a nuestras vidas vive la emocionante época de los ochenta. Tuvo a sus hijos en 1982, 1984 y en 1989 tenía un bebé de meses. Fue adolescente entre los 70 y los 80 y sus primeros pinitos con el feminismo los vivió quemando sujetadores en el instituto y formando un foro de debate. Pero este caldo de cultivo no pasó de ahí: feminista convencida en los primeros años de la serie, pronto lo deja todo por casarse y tener hijos. En aquellos tiempos a las espectadoras eso no nos importaba, bien porque éramos lo suficientemente pequeñas para no darnos cuenta o porque aún estaba bien visto dejarlo todo por un hombre. Marge es feminista pero pronto se enrola en un papel que muchas veces la saca de quicio: lo vemos en el capítulo en que le da un ataque de ira en mitad del puente y se atrinchera en el coche, en el que se queda calva y requiere una canguro para los niños, en el que se suma a la función de Un tranvía llamado deseo, o en el que se escapa con Ruth Powers, su vecina divorciada, con quien acaba viviendo una aventura similar a la de Telma y Louise. Parecen divertidos sus arranques de rebeldía.

Marge es entonces una mujer enamorada que es feliz en su papel pero que de vez en cuando quiere salir al mundo y tener algo de acción. No sé qué tenían en mente los guionistas respecto a su psicología pero Marge es una mujer que pasa de ser feminista activa a vivir una insulsa vida de casada que es vista negativamente por su hija mayor. Lisa le echa en cara a veces su entrega a la familia (en el capítulo en que Lisa, según un test del colegio, está hecha para ser ama de casa) y tienen unas conversaciones que recuerdan a veces a las de Mafalda con su madre.

Con el paso del tiempo el personaje de Marge muta. A finales de los 90 su

Además, no conserva su apellido de soltera y coge el de su marido, algo muy poco feminista, como recuerda Lisa
Además, no conserva su apellido de soltera y coge el de su marido, algo muy poco feminista, como recuerda Lisa

papel ha olvidado los inicios y es más una mujer entregada, que sin pensar demasiado, deja de lado todo lo que tenga relación con el feminismo y vive como puede. Son capítulos en los que las tramas de la familia versan hacia fuera y no hacia ellos mismos, con lo que el foco feminista se disipa. Pero llegados los 2000 y con su avance, Marge comienza a hacer cosas impropias de una feminista. En lugar de salir a trabajar y formarse, en muchos capítulos echa en cara a su marido de que se busque mejores empleos incluso le reprocha en uno no darle a su familia un techo en el que vivir. De repente Marge es insoportable: en lugar de convertirla en una mujer de su tiempo, Marge se conforma con ser una cascarrabias que no recuerda nada de su pasado feminista y que pone sobre los hombros de su marido el mantener a la familia. Eso sí, a veces tiene momentos de lucidez como cuando le dice a su hija que no deje todo por un hombre, que se arrepiente de haber dejado sus estudios. Pero lejos de demostrar interés por ser una mujer más independiente, se conforma con que su hija no siga su camino aunque sea consciente de que no es un buen ejemplo. Son sólo pequeñas escenas de una vida que dejó de ser lo que es.

Mientras el resto de personajes han ido explotando hacia el histrionismo la personalidad que tuvieron al nacer, Marge hace una involución que la convierte casi en irreconocible. ¿Será el único que lo haya necesitado? El papel de la mujer ha cambiado en las últimas dos décadas: si a principios de los 90 era deseable y divertido el papel de madre entregado a una familia de cinco miembros, ahora sus connotaciones no son las mismas. Así que encajar a Marge les ha debido de parecer difícil o por lo contrario, olvidar su pasado feminista la haya hecho más agradable para el público, que en lugar de una madre de familia combativa la prefería ver como una madre controladora que se queja de todo y olvidó el feminismo como quien deja un céntimo en un bar. Es algo que no me queda claro. Aunque también haya quien lo vea como un cambio de una mujer más sumisa a una mujer más fuerte, para mí es todo lo contrario: ha pasado de ser una mujer feminista, a alguien que sin pensar se metió a madre de familia numerosa creyendo que así sería feliz para dar con una personalidad estrambótica en los 2000 de mujer aparentemente fuerte pero que sigue siendo una dependiente del dinero del marido.

Eso sí, sin olvidar, que sólo son dibujos animados que han visto evolucionar toda una generación.

 

Los niños no pueden jugar a ser padres

Qué acostumbrados estamos de ver a las niñas cuidando de muñecas, de bebés de plástico, empujando pequeños carros o dando de comer a seres de trapo que poco alimento necesitan. Lo vemos por la calle, en casa de personas con niñas, en la televisión, en los anuncios de juguetes. Esas niñas que aprenden a ser mamás, a ser cuidadoras, a estar al servicio de otro ser vivo en lugar de desarrollar su imaginación, aprender oficios remunerados o simplemente, dejarse llevar por sus gustos personales.

Ese terreno está vetado a las niñas. Al menos a priori. Los padres y madres ven bien que la niña pida muñecas pero no lo tienen tan claro con otros juguetes que no han sido diseñados para desarrollar su verdadero yo: el de futura madre y esposa. Esos juguetes que dan rienda suelta a su personalidad son peligrosos porque puede que se salgan del redil y crear librepensadoras, que es todo lo contrario de lo que quieren que seamos.

Para quienes aún no crean que esto es verdad y que son desvaríos de una feminista radical, he aquí la reflexión:

Se ve bien que las niñas jueguen a ser madres pero no sucede lo mismo con un niño. ¿Qué pasa cuando un niño pide muñecas? Pues que más o menos los padres se flagelan pensando que su niño es rarito, que es medio gayer perdido, que pierde aceite, que qué cojones hemos hecho mal para merecernos esto. No está bien visto que un niño juegue con muñecas, a cuidarlas y a ejercer de padre. Los niños no pueden jugar a ser padres. Las niñas sí.

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Subamos escalones: un niño que juegue a ser padre no está bien, porque los hombres no cuidan a las crías, ese es terreno femenino por lo que es bueno que una niña cuide muñecas pues despierta ese lado suyo, que tarde o temprano aflorará porque ha nacido para parir. Un niño no: ha nacido para ser el macho, no para ser ese medio gay que cuida de sus hijos. Se le tachará de débil, de nenaza, se reirán de él. Porque no está programado biológicamente. ¿Y su padre? Sigue viéndose mal los padres que tratan a sus hijos como lo han hecho (históricamente) las madres. Un hombre que cuida a su bebé, que pide baja de paternidad, que deja su trabajo para ir al pediatra, que deja su vida para cuidar a esa otra vida que ha engendrado, sigue siendo tabú en nuestro país. Eso es cosa de mujeres, no de ellos. Son calzonazos, o señores que no han de tener cojones, que se les han quedado hacia dentro.

Así que si queremos que el futuro sea un sitio mejor, hagamos que los niños también jueguen a ser padres, a cuidar bebés y que no sea algo sólo de niñas. Hagamos de la igualdad el pleno derecho de la humanidad. Y no dejemos de pensar que estas ideas tan nefastas son las que hacen que las generaciones crezcan repitiendo los errores que hemos pagado las mujeres durante siglos. Hagamos que los niños crezcan sin prejuicios, que no se conviertan en futuros padres que dejen el cuidado de sus hijos a las mujeres y que crean que no es su trabajo.

No pasa nada porque un niño juegue con muñecas. No se va a volver gay. Se va a volver un ser tolerante, de mente abierta y un hombre de provecho. Dejemos que compartan con las niñas todos los juegos y que las niñas lo hagan también. Olvidemos que los juegos tienen sexo y dejemos, por favor, de formar a las niñas como futuras madres y a los niños como futuros machotes. Está en nuestra mano crear un mundo mejor.

¿Y si no existiera el color rosa?

El rosa es terreno femenino. Es ese color con el que las niñas se identifican, con el que quieren vestirse, con el que quieren vestir a sus muñecas. Es el color de sus cosas del colegio, el de su abrigo, el de su lazo para el pelo. Lo adoran Y lo exigen porque les gusta. Es lo que más les gusta. Les das una mierda rosa y se la comerían a besos. Porque es SU color. Es el color de las niñas, el que piden, el que les vuelve locas. Y es que es así: las niñas, por su código genético, nacen sabiendo que hay un color que les pertenece, un color que las entiende, que las define, que las protege. Y como está demostrado científicamente, las grandes empresas, jugueteros, diseñadores y diseñadoras, lo hacen todo rosa para ellas porque su biología está determinada para ello.

Así se origina esta vorágine rosa que inunda las jugueterías, tiendas de ropa, etc. De unos seres sin capacidad de razonamiento, sin capacidad de discernir ni qué es un color y mucho menos una premisa social, se extrae que tienen el gen rosa implantado como el chip del móvil desde el nacimiento y se condicionan los productos destinados a esta necesidad intrínseca, de la que ninguna fémina, por lactante que sea, puede evitar.

Porque claro, pensar al revés… a ver. Pensemos por un momento: ¿no será la sociedad quien mete por los ojos de las niñas desde la más tierna infancia el color rosa identificado con lo que se considera femenino? Quizá es muy atrevido lo que estoy diciendo. ¿No podemos pensar que las empresas crean cosas para niñas, identificando el papel impuesto a la mujer a lo rosa? ¿No aprovechan que las niñas copian lo que ven de las mujeres adultas, para venderles juguetes y de paso venderles el rosa? ¿Alguien más que yo ha pensado esto alguna vez

Obviamente, estoy siendo sarcástica.

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Ante la opinión de mucha gente, que el rosa es lo que las niñas piden porque ellas solas, en cuanto pueden, considero que no es más que una imposición social, lo cual tiene más sentido. Porque creer que una niña pedirá el rosa porque le gusta, que todas lo pedirán, que las niñas en conjunto se vuelven locas con él, ¿no es darles una capacidad mental que no se tiene a esas edades? El rosa se asocia no sólo a las niñas, sino a las niñas buenas. A las niñas que cuidan bebés y juegan a ser mamás.

Las niñas no piden el rosa por combustión espontánea. No les gusta porque estén programadas para ello. Les gusta porque las grandes empresas se ocupan de marcar la diferencia de género usando los colores, en un ejercicio despiadado de formar a las futuras madres y cuidadoras del futuro. ¿O no? ¿Qué pasa cuando un niño quiere algo rosa? Si yo no tuviera razón, si el rosa no se usase para marcar lo débil, lo femenino, lo maternal, lo tierno… ¿qué problema habría con que un niño usase juguetes o ropa rosa? ¿Qué sucede cuando un niño pide algo rosa? La mayoría de madres y padres se echan las manos a la cabeza pensando que su hijo es medio gay o gay perdido y lo niegan, le dan una lista incomprensible de absurdas razones acerca de que él no puede tener algo rosa. Un niño con algo rosa rápido se oyen a su alrededor voces discordantes: eso es de niñas, los niños no llevan rosa, en rosa no… simplemente para esconder algo que todas sabemos pero que la sociedad niega: el rosa es para lo débil, para la mujer, no para el hombre. Y los niños han de aprender desde pequeños cuál es su sitio en la sociedad: las niñas son rosas, son madres, son débiles, son cuidadoras y ese terreno queda vedado a los niños porque serán considerados unos maricones.

¿Y si el rosa no existiera? ¿Qué pedirían las niñas? ¿Con qué se identificarían? ¿Habría que inventar el rosa? Quizá se utilizaría otro color para diferenciar a los géneros desde pequeños, para que sepan cómo han de comportarse, pero no, las niñas, si no existiera el rosa no lo pedirían porque no está en sus genes. Ellas nacen y no saben lo que es el rosa. No lo saben. Se lo enseñamos nosotras y nosotros desde una perspectiva adulta que les marca muy bien el camino tanto a unos como a otras. Si el rosa no existiera otro color ocuparía su lugar y las niñas lo pedirían igual.

Feminista en construcción

Desde que nacemos estamos marcadas. Cultura, familia, escuela, educación, televisión, tradición. Llegamos llorando a un mundo que no comprendemos y lo que es peor, un mundo donde la mayor parte de la gente que nos ha precedido no ha comprendido tampoco.

Nos lanzan a una infancia colmada de directrices: de pronto nos pueden poner vestidos, rosas o nos disfrazan de princesas en Carnaval. Nuestras ropas nos separan de esos otros que dicen que no tienen vagina sino pene y que nos son tan bizarros. Los juguetes con los que soñamos también son diferentes a los de ellos y si traspasas esa barrera te encuentras con una pegatina peyorativa: marimacho. Y si eres marimacho las niñas te miran mal y los niños te miran raro. Porque la vida es rosa o azul.

En la adolescencia pueden pasarte sólo dos cosas: que encajes con el perfil de persona popular que se estile en ese momento y que tengas una existencia placentera o que no encajes en absoluto (defínete como quieras) y que seas el blanco de burlas y demás. Si tienes la suerte de ser una persona “normal” en esta etapa no pensarás mucho más. ¿Para qué? Si todo va bien. En cambio, si tienes la suerte (porque es una suerte también) de caer en el otro bando, empezarás a pensar muchas cosas.

Lo más importante es construir un discurso basado en algo guay. Puede ser lo que más te guste a ti, indistintamente de los demás. Lo que buscas es una afirmación que te ayude a sostenerte distinta a los demás. Y es una suerte, ¿sabes? Porque has empezado a pensar fuera del redil. Te rebelas. Vas más allá y vives diferente. Se pasa mal, lo sé. Yo leía a Wilde por los pasillos con 15 años, con el pelo como un chico y las uñas negras mientras las demás forraban su carpeta con las caras de los Back Street Boys.

Lo que te depara el futuro, seas de unas o de otras, ya es una mayor incógnita pero todavía te queda mucho por aprender. Ni todas las conformistas adolescentes acaban siendo clones de Cospedal ni todas las rebeldes unas Pasionarias. A veces los papeles se intercambian pero lo que todas tenemos en común es nuestra salida al mundo laboral. Particularmente fue cuando se construyó mi feminista actual aunque yo no lo supiera. Desarrollarse como feminista puede sucederte a cualquier edad pero lo que seguro que harás primero es en focalizar tus preguntas en un tema en particular. Pon aquí lo que quieras: siempre hay algo en la memoria de todas que detonó la dinamita.

Prepárate para un viaje personal y apasionante
Prepárate para un viaje personal y apasionante

Y he ahí nuestro segundo nacimiento: no vemos el color azul ni rosa de la infancia, empezamos a ver un tono violáceo que está a medio camino de todo, que nos sugiere ambigüedad. Porque ser feminista no viene de la noche a la mañana, necesita un proceso largo y exhausto, en la mayoría de los casos. De la primera pregunta tiramos de la madeja y surge una segunda. De ahí a otra y de repente nos damos cuenta de que la madeja está en nuestras manos. Los hilos que mueven la sociedad nos oprimen y queremos cortarlos. Lo que hoy desconoces lo sabrás mañana y lo que hoy no imaginabas machistas mañana lo criticarás.

La conversión al feminismo es más compleja de lo que desde fuera o desde un principio se puede imaginar. Esto no es como la comunión, que vas un año a la catequesis, te cuentan una historia, te tomas la ostia y recibes a Dios. En el feminismo todo va descompensado: primero te das la ostia, reinterpretas la historia y te quedan años de aprendizaje. Por eso no es malo pensar: he reflexionado sobre esto pero hay otros temas de los que aún no tengo opinión. No lo es porque esto, amigas y amigos, es un proceso que tarda su tiempo, pues aunque se haya escrito al respecto, no está reglada su enseñanza ni en las escuelas ni las familias, sino que es un aprendizaje personal, único, de descubrimiento, que lleva su tiempo pero del que no te apartas jamás.

 

Lo que sé de las princesas: Frozen

He visto Frozen animada porque una página feminista la recomendaba y que les gustaba mucho. Así que me la puse. Y si no la has visto y te fastidia que se den detalles, párate aquí!!

A priori puede parecer que tiene tintes feministas. Son dos hermanas que buscan un futuro mejor, porque han sido un poco desdichadas pese a vivir en la abundancia, que se dan cuenta que es en ellas mismas donde está la respuesta a sus problemas y que han de romper con las hablidurías para ser libres. Hasta aquí muy bien. Pero las feministas, como decimos en Cataluña, filem molt prim (hilamos muy fino) y esta magnífica estampa feminista made in Disney, se desmorona.

Como Disney es Disney, los padres mueren. Los dos. Y aunque sale la madre (cosa rara), casi no tiene frase, es el padre quien lleva la voz cantante. Además como padres no valen un duro. Cuando saben que su hija mayor tiene un gran poder, en lugar de ayudarla, la encierran del mundo, alejándola de su hermana a la que tanto quiere. Súper comprensivo todo. Así que tenemos a dos princesas de infancia traumática incomprendidas por sus padres y tratadas de aquella manera. Una se muere de asco en una habitación, encerrada como un bicho raro, que no participa de su familia a quien casi no ve. La otra, sola corre por los pasillos de palacio, preguntándose qué ha hecho para que su hermana sea encerrada. Una familia estable, sana y ejemplar, sí señor. Viva el feminismo Disney.

Por supuesto no pasa a mi atención que las protagonistas son princesas. Disney es casi incapaz de hacer una película con protagonista femenina que no sea princesa. Voy a hacer memoria. ¿Pocahontas era medio princesa, no? Esa no la he visto entera, por eso dudo. Yo creo que no la hay a excepción de la gran Alicia en el país de las maravillas. Las demás protagonistas han de ser de sangre azul. Y estas dos lo son también.

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La que no fue encerrada, la princesa Ana, va como loca por casarse. Da bastante pena la pobre. Pero tampoco me sorprende, teniendo en cuenta que su familia le ha hecho el vacío durante toda su adolescencia. Aunque hay quien le dice que no está en sus cabales, ella pasa de todo y sigue adelante. Hasta ahí puedo leer.

La pobre encerrada, Elsa, ha de escapar de su destino para ser libre y se hace un palacete de hielo. Este personaje quizá sea el más feminista porque pasa de hombres pero tiene un gran problema, que hay que decir que no sale de ella: que la han tratado de monstruo para arriba y que quiere vivir alejada del mundo porque nadie la va a entender. Yo extrapolo este símil principesco con lo que nos pasa a muchas: que al no aceptar la gente nuestra inteligencia, rebelión social y curiosidad y lucha por acabar con el sistema patriarcal, nos quieren bien lejos. Cambia tú esos poderes de hacer que sea invierno de la princesa Elsa por una gran personalidad al margen de los cánones del patriarcado y te encuentras igual: que te quieren bien lejos.

Así que sí, tiene todos los ingredientes de una película Disney pero no se acerca al feminismo en demasía pues para presentar a mujeres fuertes o con decisión Disney sigue presentando a princesas para que las niñas sigan creyendo varias cosas:

  1. Que la belleza absoluta es deseable.
  2. Que si eres buena con todo el mundo la gente será buena contigo.
  3. Que no hay que ser quien eres entre los demás, sino irte a tomar por saco porque no tienes capacidad de aceptarte y pasar de las quejas de los mediocres.
  4. Que si tus padres te encierran porque eres rara no les has de tener rencor.
  5. Todo el mundo ha de demostrarte servil.

Y no sigo. Así que nada, que no, que Disney no ha cambiado. Nos venden las mismas historias con gotas del mundo actual pero sigue siendo una desfasada película de princesas.

Masters of Sex

Reconozco que soy un poco enamoradiza. Veo algo que me gusta y de repente mi mente imaginativa se vuelca en ello como si no existiera nada más en el mundo. Pues con Masters of Sex me ha pasado algo así. Me he enamorado, por completo.

Para quien no la haya visto, es una serie que narra la vida de William Masters y Virginia Johnson, dos médicos pioneros en descubrir cómo funciona el cuerpo durante el sexo, el orgasmo, amén de cómo curar la impotencia y en resumen, de traer el sexo a la ciencia y de naturalizarlo para la sociedad. Para ello necesitaron años de estudio, años de paciencia y sobre todo, mantener una mente abierta y luchar contra el estigma que el sexo llevaba a cuestas. El tema es brutal.

Por sus capítulos van dejándose ver muchas teorías y creencias que la gente tenía sobre el sexo que para una espectadora del siglo XXI resultan muy difíciles de creer. Es entonces donde te das cuenta que la dedicación de este tipo de personas valió mucho la pena.

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Las mujeres sabemos que el clítoris, el único órgano en el cuerpo humano cuya función es exclusivamente para dar placer, es la llave que abre la puerta al orgasmo. O lo que es lo mismo, que no necesitamos al hombre para tener un orgasmo porque en la vagina no tenemos esas terminaciones nerviosas. En la serie española La que se avecina (conservadora donde las haya) una vez dijo uno de los personajes: la mujer sin el pene no puede tener orgasmos. Lo dice para hacer reír porque es una persona conversadora pero me juego lo que queráis a que en España hay más de uno y más de dos que aún lo creen. En Masters of Sex esa es una de las demostraciones más importantes: la vagina no lleva al orgasmo, es el clítoris exclusivamente, por lo cual, no es necesario el hombre.

Qué gran idea. El hombre deja de ser necesario y las mujeres empiezan a creer que un orgasmo puede ser posible sólo con sus dedos. Con las creencias antiguas era imposible pues a menos que utilizases una hortaliza, ya me dirás cómo tenías un orgasmo por la vagina. Pero esta información es peligrosa pues la mujer tiene una libertad hasta entonces negada. Bravo y mil veces bravo.

A colación de esto, me sorprendió una de las teorías que dicen en la serie sobre el sexo y Freud. Yo estudié Freud, pero en la vertiente social (“El malestar de la cultura” es un libro muy interesante) pero nunca en la sexual. Explican que él, sin utilizar ningún método científico, llegó la conclusión que había dos orgasmos en la mujer: uno el inmaduro, producido en el clítoris y que se da en mujeres jóvenes, y el orgasmo adulto, que se da cuando te casas. O sea que según Freud, cuando eres joven tienes orgasmos por el clítoris, porque eres inmadura, pero que llegas a una edad en la que las terminaciones nerviosas se van del clítoris a la vagina en un viaje por el cuerpo que nunca demostró, y pasa a tener orgasmos vaginales, que sólo se consiguen con un pene. Esto sucede con la edad de casarse (la edad antigua de casarse, se comprende).

Resultan tan ingenuas estas ideas. Porque ya me diréis qué conoce el cuerpo de que a cierta edad te casas y te juntas con un pene. El cuerpo es sabio pero no tanto como para adivinar cómo iba a ser usado culturalmente.

Si os animáis a ver la serie no os defraudará. La relación de los dos protagonistas me ha puesto el corazón en un puño muchas veces, yo, tan amante de los amores imposibles, de esas historias al margen de lo convencional, me he puesto las botas con estos dos. Quizá también tenga que ver que llevo toda la vida enamorada de Michael Sheen, el protagonista. Eso ayuda. Pero a vosotras y vosotros también os encandilarán los dos, tanto él como la chica. Vale la pena verla por varias razones pero la principal es ver cómo una gran idea, a pesar de que el mundo esté en su contra, puede encontrar, con coraje y valor, los canales para que el mundo se beneficie de ella. Y hacer un pequeño hincapié en el personaje femenino: Virginia Johnson, una mujer muy adelantada a su época, con una mente abierta, con ganas de trabajar, de superarse, de cambiar el mundo. Todo un referente. De verdad, no os la perdáis.