Cosas de chicas. La estúpida etiqueta de género

Nuestra Señora de París es un gran libro escrito por Victor Hugo, perteneciente a la literatura universal.

Orgullo y prejuicio es un gran libro escrito por Jane Austen, perteneciente a la literatura femenina.

Porque hay alguien que pensó que los libros que escriben las mujeres, sobre mujeres, no pueden pertenecer a la literatura universal a secas. Han de colgarse el cartelito de “Literatura Femenina”.

Tiene gracia pensar que al global de la humanidad le interesa más lo que explique Hugo de un jorobado que lo que diga Austen de las relaciones sociales en la Inglaterra rural. Porque, por supuesto, se me olvidaba: que lo que escriben las mujeres solo les interesa a ellas.

¿ Cómo podemos ser tan tontas de pensar que el amor, las historias tranquilas sobre la vida corriente de las mujeres, pueden interesar a un hombre? Es absurdo. Nos merecemos un sub-género de la novela, un rinconcito donde se cataloguen a parte, en la biblioteca, nuestros libritos absurdos sobre cositas de chicas.

Menuda gilipollez. ¿ Quién dijo que las Brönte, Austen, Woolf, Colette, son solo literatura femenina? ¿ Por qué no es considerada por los hombres como literatura en general como los colegas masculinos?

¿ Por qué no hacemos una cosa y decimos que Flaubert es un autor masculino? Porque lo es.

Veamos la relación por un momento:

Jane Austen, autora femenina, habló en primera persona de los problemas y cotidianidad de las mujeres y por extensión de los hombres, entre finales del XVIII y principios del XIX. Al ser mujer y hablar de matrimonios, amor y bailes desde el punto de vista de una mujer, es literatura femenina, carente de interés para los hombres.

Gustav Flaubert, autor masculino de mitad del siglo XIX, escribe Madame Bovary, una novela sobre una mujer endiablada y un esposo devoto que no se merece nada de lo que esa zorra le hace. La mujer es mala, una derrochadora infiel. La novela narra más bien la vida de la mujer desde el punto de vista masculino de que las mujeres son unas idiotas. Y esto se considera literatura universal.

O sea, que si un hombre habla de mujeres, aunque sea para descreditarlas a pesar de ser protagonistas, es literatura universal. Cuando una mujer habla de mujeres es literatura de mujeres.

Pero si esto es absurdo, lo que sigue lo es más: la mayoría de personas que leen novelas son mujeres. De toda la vida. Y las mujeres no decidmos que no a novelas como Los tres mosqueteros, Ana Karenina, Tiempos Difíciles. Las leemos sin pensar más, simplemente por el hecho de disfrutar de una buena historia.

Porque las buenas historias no son de hombres o de mujeres, son de personas. Sin etiquetas.

About these ads

3 comments

  1. Ana · agosto 6, 2012

    No pongo en duda que lo hayas leído, pero discrepo con tu impresión. Precisamente, fue Flaubert uno de los primeros escritores que decidió describir sin condenar un caso de adulterio; él fue la puerta al realismo literario. Creo que si, manteniendo el estilo y la trama, hubiera sido el marido el que engaña a la mujer dirías que Flaubert fue demasiado condescendiente y que, por lo tanto, también perjudica al género femenino. Por eso te comentaba lo de buscar otro ejemplo menos controvertido :)

  2. Ana · agosto 6, 2012

    Por tu comentarios sobre ‘Madame Bovary’ veo que no lo has entendido en absoluto. Y te lo dice una mujer. Yo buscaría otro ejemplo para ilustrar tu teoría. Que los haya a patadas.

    • Le rouge à lèvres · agosto 6, 2012

      Me lo he leído enterito Ana, lo que lo veo de un punto de vista muy diferente a ti. Y no soy la única, te lo prometo.

Los comentarios están cerrados.